Bruno Bazán

Cómo se curan las heridas. A propósito del libro Del Armario a la cancha

Género y Diversidad

En el 2026, el fútbol continúa siendo un espacio de sociabilidad predominantemente masculino. Casualmente, dentro del fútbol, el varón argentino es muy protagonista. Maradona, Messi, las tres copas mundiales, el vínculo entre la política y el fútbol, el vínculo entre los recitales y el fútbol hacen de este deporte una forma de identidad, un modo de habitar el mundo.

El libro Del Armario a la cancha, de Lucas Cortez, recupera parte del relato de quienes se encuentran en los márgenes de ese mundo. Las voces de quienes hicieron equipos de fútbol LGBT en los últimos 10 años transmiten esa sensación de reparación personal, colectiva y profundamente política.

Como relata Juan en el libro: “volver a jugar fue para mí tener ocho años de nuevo, pero esta vez sin burlas ni profesores confundidos, sin cuestionamientos y sin ataduras. Fue volver a aquellas calles de mi barrio en donde me sentía verdaderamente libre”.

Ser hombre y practicar fútbol se viven como sinónimos; ser gay fue durante mucho tiempo lo mismo que no saber patear una pelota para el imaginario social. Las canchas, los cánticos, las frases que tiramos cuando la jugada sale mal: todo aquello explota de narrativas vinculadas a la sexualidad.

Discursos donde ser heterosexual, fuerte y potente es lo que está bien, y ser homosexual, débil o llorar es igual a no ser. Lucas Cortez retoma los momentos y situaciones clave de este mundo: los insultos, las burlas, el ser elegido al último y el modo en que se enseña y se exige jugar; todas estas prácticas se ven expuestas como patrones culturales en la historia de vida de quienes conformaron equipos de fútbol asistente en la provincia.

Imagen de La Nota Tucumán

¿Por qué nos gusta el fútbol? ¿Qué nos gusta del fútbol? Es una pregunta que no se hace en lo cotidiano a los hombres heterosexuales, porque la naturalización de este vínculo está sellada. Pero en el mundo LGBT está más presente; también el desde cuándo, el cómo y el para qué.

Sin caer en psicologismo, las historias de tucumanos y tucumanas y el fútbol tienen mucho que ver con nuestros padres. Como cuenta Ivana, una de las fundadoras del equipo Furia Travesti: “No me sentía muy bien jugando al fútbol. Sí, me encanta, me fascina, amo el fútbol, pero no me gustaba jugar como varón. Yo me sentía mujer. Jugaba por obligación, muchas veces por mi papá.”

Ivana logró jugar al fútbol con satisfacción cuando pudo hacerlo expresando su identidad y junto a toda la diversidad. ¿Puede el fútbol modificar sus mandatos culturales? Hay un largo recorrido del fútbol de mujeres, del fútbol feminista y del fútbol disidente sobre cómo modificar ciertas prácticas del fútbol, que no tienen que ver con transformar las reglas del juego en sí, sino con el modo de jugar, y también con lograr igualdad de género en el fútbol profesional. Porque aún Romina Núñez, una de las goleadoras y mejor jugadora del fútbol argentino, no cobra ni vive las glorías como sí lo hacen los futbolistas hombres.

Jugar al fútbol de otro modo, construir otra sociedad, hacer del deporte un lugar más amigable es parte de esa disidencia. Desde ALFA FC relatan cómo ese jugar de otro modo es parte de una construcción continua: “Si perdemos una pelota, alentamos al compañero para que no se desanime. No nos “puteamos” ni corregimos con gritos. Todo lo contrario: celebramos el error hasta que se vuelve un acierto. Después de aprender eso vinieron las primeras victorias”.

Imagen de La Nota Tucumán

El fútbol disidente también tiene algo un poco más resuelto que el fútbol mainstream: lo explícito de ciertos puntos de partida. Desde Furia Travesti, Monarca a Pingüines, los nombres hacen referencia a posicionamientos políticos profundos.

Quizás la historia del fútbol disidente hable también de una parte de la historia de la homosexualidad tucumana en particular, de la diversidad sexual en general. Quizás también encuentren los heterosexuales un espejo en el cual mirar qué es lo que construimos con nuestras pasiones argentinas. Algo parece estar cambiando con la fuerza de todas aquellas personas que luchan por los derechos humanos de la diversidad: tenemos por primera vez un jugador de fútbol de primera fuera del clóset, Ignacio Lago. Aunque el hecho de que sea el primero es un síntoma de lo largos y difíciles que son los procesos de cambio, que, por cierto, jamás son lineales.

Ojalá muchas personas en la provincia y en el país se encuentren con este libro, porque, como dice Darío “Chinx”, “abrir la cancha a la diversidad no es un sueño, es una necesidad”.

El libro se presenta por primera vez el viernes 24 a las 18 horas en el Espacio Cultural de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNT. Av. Benjamín Aráoz al 800. Fue impreso por la Cooperativa Tropa Circa.

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