Reavivar la llama: poemas y manifiestos para un 7 y 8M en tiempos de resistencias
El 2026 comenzó sin tregua. Nos quitaron derechos laborales, se rifaron el futuro de nuestros glaciares y la represión sigue escalando. El fuego consumió miles de hectáreas de esa patagonia que en algún momento nos quisieron hacer creer desierto. Las violencias no cesaron.
Desde La Nota Tucumán y Antro de Lesbianas lanzamos una convocatoria para el 7 y 8 de marzo con una pregunta urgente: ¿cómo se reaviva la llama feminista en este contexto?
La respuesta llegó en forma de poesía, manifiesto, memoria y deseo. Llegó desde Tucumán, Monteros, Lules, Tolhuin. Llegó desde la experiencia de las trabajadoras precarizadas, desde la cocina, desde la calle, desde el amor entre mujeres, desde la conversación con una abuela.
Los textos que siguen fueron seleccionados en el marco de esta convocatoria abierta. No son piezas aisladas: dialogan entre sí. Hablan del trabajo doméstico invisibilizado, de la violencia que se esconde en lo cotidiano, del derecho al aborto, de la organización colectiva, de la rabia frente a una patria que muchas veces es cómplice.
En estas escrituras aparece la “matria” como contracara de una patria que excluye. Aparece el grito de las que dijeron basta. Aparece la que vuela, la que milita, la que ama, la que trabaja, la que aborta, la que recuerda y la que no quiere terminar reducida a la historia de un hombre.
Ya pasara….
Lulu Torrens. San Miguel de Tucumán, Tucumán
Es una obra literaria, que hice en un taller de dramaturgia. Narra la historia de una ama de casa y su pesar en lo cotidiano, la falta de valor en su trabajo y cómo la violencia doméstica se funde en sus tareas cotidianas.
Sangrar por el vientre es casi igual que preparar un guiso de sancocho pero sin pollo. Se vierten tres tazas de agua por media tripa limpia, un poco de sal, y una pizca de venas; medio kilo de zapallo por dos pulmones llenos de humo y angustias, ¾ de pepinos y medio gas abusado en el ano. Dos huevos bien rellenos y las canas dentro del agujero que quedó después del golpe en el remolino de arriba, una zanahoria bien rallada de dedos de sangre y labios y dos lagrimas del alma para despedir a ese amor que nunca fue, mezclado con la pimienta negra de creerme cada palabra; y así…solo así poder contar el “ilícito” de matarlo sin piedad antes de recibir la próxima paliza.
Gabi Olivé. San Miguel de Tucumán, Tucumán
Los poemas que aquí les comparto pertenecen a un libro inédito de mi autoría, en el que estoy trabajando, y dialogan con la propuesta de esta convocatoria.
mi sensibilidad es
una inmensa suerte inútil
como un elefante de vidrio
que nadie querría tener en su casa
un animal majestuoso y frágil
que la intemperie puede transformar
en una montañita de luces filosas
*
mi silencio es
un pensamiento después de otro:
de qué me sirve un corazón sano
si me rompen la cabeza?
de qué me sirve una muerte lúcida
si ya estoy muertx?
y si vivo más de lo que imagino?
/
cuántas poetas murieron
sin llegar a ser poetas?
quiénes leen libros
mientras se derrumba el mundo?
/
qué podrá romper la crueldad
de la cadena alimenticia?:
lo privado sobre lo público
lo público sobre lo independiente
lo independiente sobre lo privado
identifico a los hackers
todos son demonios
y vos me sonreís
como un ángel
amor
/
cómo escribir un poema
sin la visibilización del dolor
sin el romanticismo del dolor
sin el capitalismo del dolor?
cómo escribir un poema
sin la visibilización del deseo
sin el romanticismo del deseo
sin el capitalismo del deseo?
cómo escribir un poema
no binario?
*
me gustaría apagar mis pensamientos
como se apagan las luces de una casa
para ir a descansar
/
detrás de cada ventana luminosa
en medio de la noche
se está gestando el poema de mañana
poetas
luciérnagas de la ciudad
descansen esta noche
yo escribiré un poema para todxs
yo escribiré un poema
para que nos dejen en paz
/
los grillos de la noche
me silban un poema
donde los árboles sacuden sus copas
caen semillas y polvo
algunas semillas logran descansar
debajo del paraguas de diminutas plantas
se rompen en el sol del otro día
para dar a luz
un tallo que se abre paso en el aire
que lo cruza como un delgado río verde
y cuando encuentra su límite
estalla suave desde su centro
la forma de sus pétalos
estalla suave
toda la belleza encontrada
*
los monstruos a veces
nos encontramos
nos miramos a los ojos
nos decimos algunas palabras
y nos damos un abrazo
el ritual para regresar al mundo
el ritual para recordarnos que somos
una familia dispersa
protegida por la soledad
/
no siempre es justo sufrir
en nuestros hogares
donde cada objeto es
un tesoro de los ángeles
tantas veces el arte nos salvó la vida
y somos tan desagradecidxs
/
pienso también
en el tesoro de nuestra ingenuidad
los jardines preciosos
que sembramos y cuidamos
en el fin del mundo
MANIFIESTO SOBRE NO QUEDARSE
Laila Marino Aguirre. Monteros, Tucumán
…Y que me juzgue Pizarnik, que me cuestione Vilariño. No quiero terminar como Alfonsina.
Yo siempre quise querer como Simone de Beauvoir y descubrir en la extraviada mirada de Sartre que el existencialismo tal vez, sea también, acompañarse.
Quizá frente a un contexto en el que vuelve a sonar vigente Virginia y su idea del cuarto propio (pero con perspectiva de clase), también pueda yo pensar en un amor rojo a lo Kolontai. Y que cuando me digas amor, yo sepa también, que me decís compañera.
Mi deseo está en ver en el otrx como Elvira el impulso de mandar a la mierda el conformismo y todo lo que le siga a eso. Que quiero descubrir las 43 maneras de soltarme el pelo y no tener que caminar toda la Muralla China para despedirme de nadie, Marina…
No quiero que me pase lo de Frida, que desafió los cánones europeos y tuvo carácter e ideologías. Pero las masas la reducen como la que vivía por y para Diego. Me pregunto cuántas de sus historias de amor nos estamos perdiendo por encasillarla detrás del ego de un solo hombre, por qué la castigamos a ella solo por no haber temido amar.
Qué pensará Chavela, me pregunto de todo ese asunto.
Y qué pensarás vos… cuando pensás en mí, que quiero afrontar cada pelea como Lee Meller yendo a la guerra, con la seguridad de que mi punto de vista marca una diferencia… Y si existe un final, que me sorprenda haciéndome fotos en la bañera de alguien mientras enemigos y aliados retiran sus tropas.
Que me disculpe Nan Goldin, yo nunca quise entender su balada… Prefería la revolución de Sara Facio, amando contra toda imposición, a la mujer que cantaba Manuelita…
Que me perdone Eva, no quiero ser costilla. Prefiero ser Lilith y que me exilien del paraíso por no someterme a ser la mujer de nadie…
Sí, que me juzgue Pizarnik, me lo merezco.
Toda esta teoría vincular para entender que en mi caso, el pájaro se transformó en jaula…
La que vuela soy yo. (Aunque vos, si querés, estas invitadx)
LA CHICA QUE ME GUSTA
Laila Marino Aguirre. Monteros, Tucumán
La chica que me gusta corta el ayuno siempre con café, y nunca antes de las 16.
Cada viernes a la noche espera al último bondi para volver a su casa,
porque nunca le tuvo miedo a ir contra reloj ni a quedarse barada.
La chica que me gusta milita siempre desde la palabra,
y, cuando lo amerita, también desde la acción.
Tiene un perro negro con marrón
y una gata tricolor,
cuando les hace mimos a menudo pienso que podría ser yo.
Acurrucarme en su cama los días más fríos,
que me use de abrigo,
que enrede sus pies con los míos…
La chica que me gusta odia las injusticias y al gobierno del país.
Y si me habla de ello en sus ojos veo el reflejo de un pueblo poco felíz.
Cuando ella debate y argumenta yo me quedo mirando,
si acaso refuto, es no más que para seguir escuchando…
Y me encanta que sepa siempre algo de todo cuando estamos charlando,
Pero más me gusta que cuando no sepa, lo admita en voz alta, y no por ganar, esté inventando.
A la chica que me gusta no se le caen los anillos por tomar un toro en caja abierto con los dientes y en botella cortada.
Aunque en su casa los domingos se tome malbec de cepa tardía cuando juega Boca, “en copa, por cábala“.
Ella no es de poemas, y yo no soy de manifiestos,
pero me gusta sobre todo, cuando sale a la calle a defender sus derechos.
Se pone vestidos cortos y no le tiene miedo a esos
que reprimen jubilados, nos traicionan en el Congreso
o se apropian de frases tan oscuras como el “algo habrán hecho”.
Después de la tercer cerveza y antes de la última canción,
mandamos a la mierda todo, y en un tumulto de gente solo importamos las dos.
En cada esquina la chica que me gusta me dice “gusto de vos”
Me da un beso, me mira fijo…
hace de mi su revolución
(sin título aún)
Paula Soledad Rodriguez. Tolhuin, Tierra del Fuego
El poema que escribí fue inspirado en las mujeres que trabajan en casas particulares, mal llamadas empleadas domésticas.
No somos nada, pero estamos en todo.
Miro mi balde, mi trapo, mi ropa.
Mi vida despojada de todo sentido.
Me veo y las veo.
Mujeres precarizadas.
Mujeres agotadas.
Mujeres arrebatadas.
Camino cansada, sentida.
A lo lejos una barriada.
Un halo de esperanza.
Un grito de socorro.
Palos.
Corridas Miedo.
Llantos.
Otro día silenciado.
De repente una llamada.
Del otro lado se escuchan voces.
Voces de hartazgo.
Voces de lucha.
Voces de ALTO!
Son mis hermanas con sueldos de hambre.
De migajas que no alcanzan para comer.
De malos tratos por nuestra condición de mujer.
ALTO! BASTA! hasta acá llegamos!
No seremos más tus siervas, tu desecho, tu vergüenza.
Seremos mujeres trabajadoras y organizadas!
P.
Paula Soledad Rodriguez. Tolhuin, Tierra del Fuego
Me inspiró la lucha por el derecho al aborto legal
Paula palpita la pueblada popular.
Putas las pibas.
Planean pedir paridad.
Poder político para empoderar.
Pobres las pibas.
Presas están.
Por putas.
Por pecar.
Por la percha.
Por el perejil.
Por abortar.
Pensemos en Paola, en Patricia, en Paula y muchas más.
Peleamos, pedimos, poder para empoderar.
Suyo, mío, nuestro
Aldana Maité Álvarez. Lules, Tucumán
Los dos poemas nacieron de una charla con mi abuela, mientras me contaba un poco de su historia como en tantas charlas. En esta ocasión, movilizada por los casos que ocurren en la provincia y la emergencia de un discurso preocupantemente conservador y machista en la juventud, creo que lo que impera en ambos textos es el deseo de un futuro mejor y la rabia por la situación actual. Creo que lo comparten es el gusto dulce y amargo que tenía en ma boca mientras los escribía y se me venían noticias, videos o las caras de mis amigas, esperando que no sean ellas o yo una víctima del sistema y un próximo número.
un rostro con arrugas, de manos que amasaron,
cocieron, bordaron
una cabeza nívea que imaginó, deseó, esperó
un cuerpo que fue deseado, tocado, ultrajado
la mujer mira la tele y una lágrima brota de sus ojos
perpleja ante la imagen de un niña,
enojada, pintada, transpirada,
su niña de cachetes redondos,
su hijita con la que tomaba mate con burro,
mijita no te cases repetía con cada sorbo,
su mamita, chiquita, tesoro suyo
su fruto marchaba por la calle
pintada, transpirada, expuesta
los gritos la perturban,
mezclados con el humo de un guiso en el fuego,
con el sonido de un cinto en la espalda,
las manos del monstruo grabadas en su carne,
huella de un pasado sucio,
oscuro, podrido, impuesto
pero el rostro sonríe, permanece quieto
reposa en la silla, reacciona
el rostro mira a la niña y sonríe,
orgullosa, victoriosa, querida
porque los gritos de aquella son suyos,
míos
nuestros
¡Viva la patria!
Aldana Maité Álvarez. Lules, Tucumán
Sean eternos los laureles
de un pueblo que olvida,
de un Norte que se incendia
en las llamas del silencio
¡Viva la patria!
la patria cómplice,
la justicia que ve y no siente,
que siempre quiere y no acciona.
Con una mano en el pecho y otra en el teclado,
promueve el discurso del sin rostro, del agresivo,
del rugido, de la mentira, la traición
Sean eternos los laureles,
con el llanto del coro maternal,
con los carteles de nuestra sangre
adornando la calle con luces rosas
que viva la patria negra
que se grabe en la tierra, en el pecho,
en la plaza, en la casa, en la facultad,
en la calle, en la pieza,
en mí, en vos, en todas
que la matria viva
que grite que cante que exija
que pinte que se manche que discuta
que piense, escriba, trabaje
que se agoten, se incendien, se muevan,
que sientan, reaccionen, se quiebren,
que les duela, que les moleste,
el grito de la zurda, la flequilluda, la abortera
el grito de la madre, de la hija, de la alumna, de la hermana
mi grito,
el tuyo
y el de ellas
Retorno
Georgina Álvaro. San Miguel de Tucumán, Tucumán
Estos fragmentos del guión cinematográfico de Retorno, un proyecto de Georgina Álvaro. Habla sobre el deseo femenino, el despertar y la represión sexual, la sociedad juzgadora en un contexto de pueblo chico en los años 60s donde las protagonistas deben sobrellevar la mirada de los otros. “Me parece un tema muy actual y que aún no se nos permite ser seres deseantes, mujeres que deseamos ser libres con nuestro deseo”.
Fragmento 1:
Eloísa yace recostada en su cama. En la mesa de luz, una botella de vino abierta y una copa casi vacía. Se mueve lentamente, abrazada a la almohada, inquieta.
Se incorpora con dificultad y apaga la luz. La habitación queda en penumbra. Se acerca a la ventana.
A través del vidrio ve a Francisco, con el torso desnudo, fumando apoyado en el marco de su ventana. Eloísa se sobresalta y se aparta rápidamente. Respira hondo. Vuelve a asomarse.
Permanece observándolo. Su respiración cambia. Lentamente, deja caer la parte superior del camisón sobre sus hombros. Cierra los ojos por un instante, luego desliza la mano hacia su entrepierna dejándose llevar por la sensación.
El silencio se espesa.
De pronto abre los ojos, como si despertara. Mira hacia la ventana de Francisco: está vacía.
La ausencia la descoloca. Agitada, se deja caer sentada en el suelo y vuelve a cubrirse, intentando recuperar el control.
Fragmento 2:
Con cuidado, mirando que nadie ande cerca, Aimé se mete en el dormitorio de Francisco.
Sobre la cama hay una camisa. Aimé la toma y la huele. Luego la vuelve a dejar exactamente en el mismo lugar.
Maravillada, recorre con sus dedos uno por uno los objetos sobre el chiffonier. Abre el placard y acaricia las camisas y los pantalones colgados.
Toma un perfume de la mesa de luz y huele la tapa. Saca un pañuelo del bolsillo de su vestido y rocía en él un poco de perfume.
De la mesa de luz agarra un libro: El extranjero, de Albert Camus. Se sienta un momento en la cama y cierra los ojos. Suspira profundamente, absorta en sus pensamientos.
Antes de salir, guarda el pañuelo en el bolsillo. Ya en su habitación, cierra la puerta con suavidad. Se recuesta sobre su cama y saca el pañuelo. Lo acerca lentamente a su rostro y lo huele, dejando que el aroma la envuelva. Permanece allí, inmóvil, con los ojos cerrados.
Rojo
Blanca Díaz. San Miguel de Tucumán, Tucumán
Rojo…quiero mirar pero no logro hacerlo, y de pronto recuerdo…piña, patada, piña…eso fue, me desmaye luego de arrastrarme hasta el baño y encerrarme.
Me miró en el espejo, tengo moretones por todos lados, morado, morado, morado, como el pañuelo de las mujeres de las marchas.
Marchas, donde cantan, bailan, denuncian, tengo un folleto de ellas… me lo dieron en la calle un día, ¿cuándo fue?… me duele la cabeza, no recuerdo… ya sé! Estaba trabajando y pasaron, una chica repartía estos folletos y sonreía, mi jefe me dijo que lo tirara porque a esas malas mujeres no les gustan las familias “normales”.
A mí no me molestan, me atrae verlas juntas, son un montón y parecen muy unidas. Desde ese día guarde el papel, lo leo siempre a escondidas. Tiene números de teléfono y direcciones donde ir si sos víctima de violencia. Este papel está escondido en el forro de la mochila para que no lo encuentre mí verdugo. Él también me aconsejo no escuchar nunca a esas chicas, son malas se creen mejores que nosotros me dijo… mienten y engañan.
Vuelvo a mirarme, me cuesta mucho pensar sin llorar, pensé que si me quedaba callada está vez, no iba a golpearme…solo gaste de mi sueldo el valor de un helado.
No tengo nada, el papel decía tené a mano los documentos de identidad y la tarjeta del colectivo, también decía grita, pedí auxilio, escapa.
Tengo miedo ¿a dónde voy a ir? ¿Qué voy hacer? ¿Dónde, cuándo, cómo?
Tengo el folleto, escribo al número de Whatsapp, me atendieron, me escucharon, van a ayudarme, dicen que pueden ayudarme.
Voy con ellas, con las aborteras, con las que no se callan, con las atrevidas, con las groseras. Con las que luchan.
Hace siete meses que me fui, fue triste, muy doloroso. Lloré mucho, no por él, llore por mí, por soportar por hacerme chiquita y callarme.
Hoy es mí primera marcha.
Hoy es el primer día que volví a mirar colores.



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