¿Cómo hablar con ellos?
“Están en contra de que el gobierno audite, los zurdos son cómplices de los corruptos”, leo el martes a la noche en un comentario de redes. La Marcha Federal por la Educación en Tucumán fue una de las más multitudinarias de los últimos tiempos. Miles de personas salieron a las calles; cantantes, actrices e influencers se expresaron durante los días previos y posteriores al 12 de mayo. Pocas cosas llaman tanto la atención.
Si bien la educación pública y gratuita es un supuesto compartido por millones de personas, los comentarios contra la marcha aparecieron en redes sociales al instante. Entiendo que las redes son un territorio a veces incierto, pero no dejo de intentar encontrar sentidos; a fin de cuentas, pasamos horas ahí.
Cuando quiero saber que pasa en mi provincia entro a facebook, los portales más leídos de Tucumán están ahí. En esa red social hay un grupo grande de tucumanos que no pertenece a la generación tiktoker. Tengo pautas, antes de responder un comentario trato de revisar sus perfiles para chequear que existan y no sean bots. La mayoría de las veces puedo comprobarlo. A veces termino dedicando varios minutos a observar cómo esos perfiles existen: tienen familia, celebran cumpleaños, apoyan a San Martín o Atlético.
En un buen día me aventuro a intentar argumentar, explicar e intercambiar. A veces lo logro. Pero en los días malos termino siendo bloqueado por Norma, una jubilada del Barrio Modelo.
Tuve que leer gente real riéndose de la marcha y de sus consignas, diciendo una y otra vez que todo el escándalo existe porque las universidades no quieren ser auditadas. Me pregunto cuántas horas de consumo de esa idea hicieron falta para poder repetirla tan rápido en todos los comentarios. De nuevo: esas personas existen y creen firmemente que el gobierno está dando una batalla contra la corrupción en las universidades.
Puedo reconocer cada uno de los mensajes instalados por el gobierno nacional respecto de las universidades. El discurso ya fue deglutido. Forma parte de la opinión pública.
Otros atacan a la militancia social y le dicen “zurdo” a cualquier persona que exprese una opinión política. Al parecer, “zurdo” como insulto nunca dejó de estar en la cabeza de miles de tucumanos; solo se contuvieron durante algunas décadas, pero ahora vuelven a vociferar en público.
Luego también se cuelan debates como el derecho de las personas migrantes a estudiar en nuestras universidades, como si el problema fuera ese. Me encuentro con memes de Videla y referencias a la dictadura, aunque estos pertenecer a cuentas que sí parecen bots o de adolescentes. Respiro. Recuerdo que también fui adolescente y dije barbaridades sin entender el peso de lo que decía.
Hay narrativas que se agotaron y otras que generan la respuesta contraria a la que buscan. El orgullo de ser egresado, el CV expuesto en redes, la excelencia académica y un sinfín de versiones parecieran alimentar el encono, que no es personal: es político y comunitario.
¿Quién dice qué es la UNT en redes? ¿Cómo hace la UNT para explicarse a sí misma y a los demás? ¿Cuándo vamos a poder explicarles a todas las personas que es importante sostener la formación profesional, que salva vidas? ¿Y que también es fundamental sostener aquellas formaciones que aparentemente no las salvan, pero que nos hacen vivir mejor?
Me pregunto por mi burbuja y mis elecciones. Soy licenciado en Filosofía y me rodeo de personas que, en su mayoría, tienen título de grado o algún paso por la universidad. No soy clase media, no llego a fin de mes ni tampoco tengo un cargo docente, pero en algún punto pertenezco a ese grupo que es visto como privilegiado por aquellas personas que ni siquiera pensaron que los estudios universitarios podían ser una posibilidad.
Los siento mis pares y no sé cómo llegarles. Y no me genera tanta bronca. Me enerva más escuchar a docentes de la UNT o a profesionales que pasaron por el Conicet bancar, directa o indirectamente, a Milei, como antes lo hicieron con Macri y como seguramente lo harán con cualquier otra figura que les prometa el fin del peronismo.
La Marcha Federal Educativa me hace bien porque confirmó que somos millones, porque entiendo que, pase lo que pase, no vamos a dejar de defender el derecho a estudiar, aprender y elegir un proyecto de vida. Pero las repercusiones de la marcha, sobre todo las de mis comprovincianos, me preocupan. Aunque el “nosotros” en las calles sea grande, si el “ellos” sigue siendo mayoría y está cultivando bronca, rechazo y odio, no puedo hacer otra cosa que preocuparme.
Quizás todos deberíamos haber hecho más extensión. Quizás salir de los claustros más seguido sea imprescindible. Tal vez necesitamos también nuevas canciones en la universidad.
No tengo certezas, pero sí quiero extender la conversación y poder hablar también con ellos.



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