La Nota Tucumán

Asesinada por lesbiana. Ensayo sobre lo que deja una pasión

Género y Diversidad

Por Lu(ciana) Almada y Pam Ceccoli

“Conmoverse como un gesto radical de ruptura de la inmunidad, de la cerrazón anestésica a la que nos somete la pedagogía sentimental neo-ego-liberal, como un ejercicio afectivo de libertad. Conmovernos como un modo de transformarnos ahí donde es posible la conmoción, el temblor, el abismo del yo. Conmovernos como un acto que nos arroja fuera de nosotrxs mismxs, y nos recuerda nuestra siempre a la vez mortífera y salvífica condición extática, abierta, expuesta, nuestro ser-en-común”.
Cano (2021)

Las narrativas (que) importan

El texto que sigue, en forma de collage de voces cruzadas, fue presentado en las Primeras jornadas de teorías tortilleras. Fue/ es la excusa para seguir pensando juntxs respecto de las memorias que nos interesan recuperar, recordar y revisitar, y también desde nuestros activismos lésbicos y como parte del colectivo de la disidencia sexual, en un contexto de recrudecimiento de todo, desde lo material hasta lo afectivo (como si lo afectivo no fuera también material), como modo de resistencia y refugio colectivo ante la marca del olvido.

Iniciábamos esa conversación citando a Julia Crosa, que valiéndose de Donna Haraway nos leía en su poesía/texto: “las narraciones importan, interesan las historias que tejen otras historias y lo central de las teorías feministas, lo que está en juego es, precisamente, quién y qué está en este mundo, cuidar el relato y a quienes cuentan” (Haraway en Crosa, 2024). Lo volvemos a compartir porque creemos que hay historias que importan/aportan, que son valiosas y debemos insistir en ellas para que no sean borradas, silenciadas, “blanqueadas”. Además, porque no nos interesa con este gesto aportar en una suerte de historia única y universal, verdadera, sino más bien ser desleales, apostar por las mitologías y los modos en que las sociedades construyen/construimos nuestros propios relatos de cómo fue que pasaron las cosas.

La Pepa Gaitán vivía en Barrio Liceo II Sección y trabajaba con su familia en el espacio comunitario que aún existe y que hoy lleva adelante su hermana Yamila, la Asociación Civil Lucía Pía (cuentan que en honor a su abuela paterna). Con 27 años, fue fusiladx de un escopetazo por razones lesbo-odiantes, por parte del padrastro de quien era su novia, y falleció en la madrugada del 7 de marzo del 2010. Si bien el disparo salió del arma de Daniel Torres, sabemos que hay, aún hoy, un sistema social que respalda, legitima y ejerce violencia y discriminación a quienes tienen/tenemos una identidad, expresión y/u orientación sexo-genérica (la masacre de Barracas no hace más que marcar a fuego cada una de estas palabras) que se aleja del régimen cis-heterosexual imperante. Por ello, cada 7 de marzo se torna una fecha clave para los movimientos socio-sexuales del país y la región, para exigir garantías al Estado y la sociedad civil de vidas libres y dignas, sin violencia ni discriminación por razones identitarias o de expresión u orientación sexo-génerica-deseante.

Muchas formas tenemos de contarnos esta historia, cada unx de nosotrxs es también parte de los modos de duelo, celebración y/o memorialización de esa efeméride: qué estábamos haciendo en ese #7M, cómo nos impactó esa noticia, qué acciones hicimos allá en los primeros años de aniversario, qué nos interpela (aún) hoy. Estos y otros interrogantes también vuelven valioso el relato, la reescritura genealógica, el cuidado de quienes la cuentan/contamos.

Los modos de recordación

El paso del tiempo hace lo propio con los procesos, los contextos se transforman y las personas involucradas son las que hacen esas mutaciones. Nos interesa(ba) traer a este debate los vaivenes que sufrió un mural realizado en memoria de La Pepa por una invitación del grupo transfeminista TransTocadas y con la colaboración de numerosxs activistas y amigxs, mediante la técnica de mosaiquismo y esténcil. Emplazado en marzo de 2015, en una jornada de lucha y visibilización, con la presencia y apoyo de sus familiares y con una amplia convocatoria de aliadxs, la cita en el lateral de El Gigante de Alberdi, sobre la vereda de la calle Arturo Orgaz, invitaba a traer esa vida al espacio público, a través de un objeto artístico, invirtiendo ese orden, volviéndolo sujetx. La técnica de mosaiquismo requiere de muchas manos, de la sutileza de los colores; ir acariciando, haciendo juntura de lo fragmentario. En ese ejercicio plástico, paciente, sostenido, se aparece un rostro con una materialidad propia, una historia que se cuenta en cada trazo, una confección colectiva que hace memoria. No es menor recordar la negociación por la elección del lugar, los sentidos que se juegan allí, el mix entre la técnica del mural y la combinación con el esténcil. Nos asomaremos a algunas de estas definiciones en el apartado siguiente.

El devenir de un borramiento

Las disputas por la visibilidad de algunas memorias (más) hegemónicas por sobre otras que van quedando subterráneas es el común denominador que atraviesa los estudios de historia reciente y se evidencia en los diferentes sitios de memoria, en las disputas por las señaléticas y marcas que se han ido ganando un lugar en nuestra Córdoba, concretamente. En palabras de Héctor Schmucler (2019), hay lugares que nos inquietan, al tiempo que nos generan sensaciones encontradas que en su misma contradicción son potentes, nos obligan a pensar/nos, a conmover/nos, tal como nos invita el epígrafe de Vir Cano con el que inicia este trabajo. También, sostiene Schmucler, es esa misma memoria la que produce el espacio y no al revés, puesto que por sí solos esos espacios no dicen nada. Sin embargo, nos preguntamos desde la incomodidad: ¿Puede una pared ser un sitio de memoria? ¿Qué sentido tiene ese espacio para recordar? O, como decía el autor, ¿es la memoria la que configura un lugar como significativo? Consideramos que si un espacio público puede movilizar diferentes pasiones y entrar en disputas por su conquista es porque algo (nos) interpela: ¿Tiene el mismo sentido exhibirlo, montarlo, mostrarlo en una cancha de fútbol que en cualquier otro lugar? Podríamos anticipar, a modo de hipótesis, que se construye un diálogo particular, una articulación específica entre sentidos, contenidos y espacios, según se intersecten; y que esos sentidos, contenidos y espacios particulares van a configurar diferentes emergentes y contingencias.

Imagen 3. Título: Imágenes fotocopiadas compartidas en las Primeras Jornadas de Teorías Tortilleras como parte de la intervención. Fuente: archivo personal.

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Como gesto contra-epocal de lo lésbico contemporáneo y como modo de recuperación de otras materialidades, acudimos al papel, la fotocopia (mal) impresa de fotos que marcan las “etapas de borramiento”, para mostrar ese devenir durante las Jornadas que desarrollaremos brevemente a continuación, en orden cronológico. Esas fotocopias, además, vienen a arruinar un poco esas “evidencias” por “falta de tinta”.

El espacio público y sus disputas

El mural “original”, emplazado el 28 de marzo del 2015 en los costados de la cancha del Club Atlético Belgrano, en barrio Alberdi, muestra el rostro de La Pepa, mirando de costado, y en esténcil negro una frase: PEPA GAITÁN HINCHA PIRA7A ASESINADA POR LESBIANA.

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Sin embargo, en una de las posteriores pintadas y/o blanqueos por parte del Club, allá por 2017, según pudimos relevar en conversaciones informales con trabajadores, con el objetivo de “renovar” los colores celestes que caracterizan al barrio y a varios grupos de artistas, como Murales CAB, la frase quedó “resumida” en: PEPA GAITÁN HINCHA PIRA7A. ¿Fue un hecho casual? ¿Qué se conmueve al leer LESBIANA en la pared de un estadio de fútbol? ¿Qué privilegia el club para el recuerdo? ¿Fue una decisión propia de procesos institucionales de “higienización”, en nombre de un blanqueo celeste? ¿Qué persiste? ¿Qué resiste?

Ese primer borramiento del ASESINADA POR LESBIANA puede ser leído desde varios frentes, tal como lo hemos discutido con colegas y amigxs con quienes compartimos intervenciones artísticas y activistas en los #7M y en otras fechas. La frase suelta, sin soporte o marco de contención, puede tener efectos inesperados. No solo convocar a reivindicar una identidad, una sexualidad u expresión, sino que también puede funcionar como advertencia, un modo de volver evidente el peligro de no ser heterosexual. Los efectos pueden ser inesperados, no se autoexplica(ba), pensamos, hoy a la distancia.

¿Qué se le adhiere a una pared? ¿Es un muro de lamentos o una celebración de un modo de vida?

Además, existe un valor agregado en ese espacio. Lo que para algunxs era sinónimo de celebración del día de la visibilidad lésbica, para algunxs de sus familiares era el recuerdo siempre presente de la ausencia. Así, el mural (y las diversas manifestaciones alusivas en plazas y otros espacios que el activismo tomó como referencia), tuvo/tiene significaciones y sentidos diferenciales; la cancha, la pared, el partido del Pirata Cordobés (como se conoce al equipo de fútbol), también. Ese rostro de mosaicos a la intemperie, ¿cómo dialoga con los restantes murales y pintadas de esas paredes?

La Pepa está enjaulada

Un segundo borramiento o intento de invisibilización ocurrió más cercano en el tiempo, hace poco más de un año (aunque la temporalidad ya no sea un dato relevante). Una salida de emergencia, una escalera sobre ese mismo lateral para facilitar el flujo de gente a la salida de los partidos de la platea alta, para favorecer el despeje por la fina calle que conduce a la Avenida Colón, atravesó las letras negras del esténcil, de lo que quedaba. Una escalera cerrada con rejas de hierro y una cuadrícula bloqueada, a menos que haya partido. Adentro, y como si la metáfora ya no tuviera ningún sentido, solo dos personajes quedaron más inalcanzables a la vista de lxs transeúntes: Rosario Soria, recordada como una de las socias fundadoras y artífice del color celeste en las camisetas, y La Pepa Gaitán, la hincha pirata asesinada en el 2010, que se ganó un minuto de silencio en el partido que siguió a su muerte. Por fuera, y sobre el mismo lateral, la fiebre mundialista dejó al Cuti Romero besando la copa; al eterno pirata del cuarteto cordobés, el Potro Rodrigo; y a Pascual Delfín Ludueña Leyva, socio desaparecido. ¿Qué decir de este afuera/adentro generado por una infraestructura necesaria para la seguridad de hinchas, teniendo un Área de Géneros y Derechos Humanos en el Club hace también poco tiempo?

Por si la imagen de “enjaulamiento” no fuera suficiente, la escalera recortó la frase, quedando para la lectura de quien se acerca(ba) a las rejas: PEPA GAITÁN HINCHA RA7A. Para unx apasionadx de Belgrano, como lo era La Pepa, es también una (otra) forma de injusticia, ser nombradx por la pura desidia y descuido de la obra (¿o es que nadie lo vio antes que nosotrxs?), en la asociación rápida como (Pincha)rata, tal como se conoce a lxs hinchas de Estudiantes de La Plata, club además con grandes disputas y partidos memorables para los celestes de Alberdi.

Plaquetización y ghosteo

Alberdi, el Pueblo de La Toma o el Barrio Clínicas, todos juntos, solapados en territorio, barrio histórico, popular y lleno de leyendas combativas, desde el Cordobazo y hasta la resistencia por/en la Cervecería Córdoba, se encuentra cercano al centro de la ciudad. En el corazón de esas cuadras, atravesando el Pasaje Aguaducho, cruzando el Hospital Nacional de Clínicas y antes de llegar a la Costanera y la Isla de los Patos, se encuentra el estadio Julio César Villagra, el Gigante, donde además del fútbol existen proyectos sociales y barriales que dialogan con los centros vecinales de la zona, se practican deportes varios, se realizan ferias y eventos. En los alrededores hay pintadas celestes y negras principalmente, que decoran las calles, las casas, los portones. Además de los murales, que se van renovando o recuperando, según lxs protagonistas que van siendo lxs favoritxs de determinada época, existen placas que acompañan esa galería callejera del Primer Territorio Libre de América: desde el Museo de la Reforma hasta llegar por La Rioja a la cancha, las placas en las paredes nos cuentan historias, nos explican, nos enseñan, nos hacen apropiarnos de ese recuerdo que vale la pena conocer.

¿Adivinen qué mural no tenía placa, aunque resistía íntegro en su gigantografía de mosaicos y con las letras en negro rodeando su rostro? Nos preguntamos si las personas que pasaban sabían quién era, por qué estaba allí, si se detenían a sacarse fotos como con los demás murales. Fantaseamos muchas maneras de intervenir ese espacio inaccesible, imposible y, sin embargo, resistente y antiguo, como “parte natural” del paisaje urbano. Con un grupo de lesbis desorganizadxs, nos propusimos también pedirle a ese club que recordara a su hincha, que pusiera en valor (también) ese mural e iniciamos “negociaciones”. ¿No llegamos a un acuerdo? En las idas y vueltas de las gestiones, en conversaciones con gente del Área de Géneros y Derechos Humanos, y luego de mucha espera y gostheo de mensajes y comunicaciones, el Club colocó en otra fecha clave para los movimientos sexiosexuales, el 17 de mayo, una placa con parte de un texto que nos pidieron que armáramos, pero que fue editado, vuelto a recortar “para que quede como los demás”, nos dijeron, y lógicamente apropiado por dicha institución, desconociendo el pedido externo de ese reconocimiento, ya que justamente se eliminó la parte que contaba acerca del mural y los activismos que lo hicieron posible. De nuevo, un mero objeto a contemplar.

De esta última modificación de mural, de su plaquetización y de su difusión en las redes del club, en la cuenta de X, las repercusiones de lxs hinchas no se hicieron esperar. Y como todo este relato que venimos haciendo, como todo espacio que se disputa, está lleno de contradicciones y sentidos cruzados. Los comentarios van desde las reivindicaciones y celebraciones hasta los insultos a Talleres y las acusaciones de ideología. Van algunas citas de muestra: “Bien loco, de la vereda correcta. No como los re putos de talleres”, “Porque no ponemos foco en otro lado y nos dejamos de pelotudeces”, “No usen nuestro CAB para sus ideologías”, “¿Cuando es el día de la Refuerzofobia?”.

Imagen 4. Título: Collage de fotos que muestra las derivas del mural y sus alrededores. Fuente: archivo personal.

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Reflexiones, preguntas y cuestionamientos

Entendemos que la memoria colectiva puede ser pensada como una suerte de tejido afectivo, pero nos preguntamos ¿para qué y quiénes recuerdan/mos? ¿Cuáles son las versiones que sobre-viven a la historia, a nuestro relato de la historia? ¿Qué insiste en seguir apareciendo, tras/en los muros, sobre las placas, debajo de las palabras que no pudieron ser impresas? ¿Es un ejercicio de recuperación o estamos santificando, glorificando, heroicizando como único modo de inmortalizar la memoria que empieza a fallar/nos, faltar/nos, fugarse/nos? En este ensayo a cuatro manos, pero a muchas bocas y voces y cuerpxs, nos propusimos detenernos en ese devenir material del mural en tanto nos permite hacernos preguntas respecto a esas marcas que, como estela, insisten en memori(ali)zar, a la par de inquietarnos con aquellos borramientos (¿casuales, espontáneos, premeditados?) y olvidos que operan silenciando esas memorias en pos de visibilizar otras. ¿Qué contenido vale más para ser mostrado, archivado y rescatado? ¿Qué pasiones valen más y respecto de cuáles existencias? ¿Qué efectos conlleva el fijar casi sacralizadamente, mediante una imagen, una referencia/referente movilizante de nuestros activismos, toda una historia de nuestros múltiples y cambiantes modos de ser lesbianx?

Volvemos a la voz de Julia Crosa en esa sala que compartimos en las Jornadas: “¿Cuáles son y cómo operan nuestras fantasías de orden y libertad? ¿Cómo relatamos nuestros propios terrores, nuestras propias vergüenzas y venganzas? ¿Qué nos hacen las cenizas de nuestras muertas, de nuestras rabias, de nuestras contradicciones a nuestras prácticas e imaginaciones sexuales? O dicho de otro modo, ¿qué relatos nos hacen teoría lésbica? ¿Quiénes cuentan?” (Crosa, 2024). Al menos sabemos que la importancia de volvernos a contar/nos las cosas es para no olvidarnos, para curarnos, para sostener/nos.

Propuesta a la/de ruinificación

Volvernos a contar cuando hay pasiones que en el espacio público parecieran valer más que otras, cuando “lo celeste” vale más que señalar un asesinato por razones de odio hacia las existencias sexuales diversas. Entonces, sí, emplazar un rostro que nos continúe interpelando en su mirar, en una pared del club de la pasión de su vida, tiene un sentido afectivo/político que mantiene viva no solo aquella historia, sino también la de esa violencia social que persiste. Como activistas, entonces, vamos a defender la intención de sostener ese diálogo, ese no olvidar que el lugar tiene de particular para ello.

Como ejercicio creativo, erótico y político, proponemos pensar la ruinificación, el arruinamiento como idea fuerza y sinérgica respecto a otra idea que emerge en las luchas por la memoria, la de la recuperación. ¿Puede pensarse como contraataque de esos embates y vandalizaciones/banalizaciones que vienen de “afuera”, como respuesta a esas agresiones y saqueos a las memorias, pero también como ese esfuerzo por quitarle el brillo a la pureza y reificación de ciertas memorias? ¿Puede ser una estrategia frente a lo serio y protocolar del memorializar, pero también frente a lo extractivista del blanqueo? ¿Sería una posibilidad para volver a la vida la insistencia en/de disputar las versiones que necesitamos que continúen? Una genealogía política que nos atraviese, que haga marcas y que se permita la inestabilidad, aún a riesgo del “mal contar” para con-mover-nos.

Referencias

Cano, Vir (2021). Borrador para un abecedario del desacato. Buenos Aires: Madreselva.

Crosa, Julia (2024). Materias de intimidad lésbica situada. Fantasías a la derecha, derecho a la fantasía. Actas de las Primeras Jornadas de Teorías Tortilleras, Facultad de Filosofía y Humanidades, Universidad Nacional de Córdoba, Córdoba, Argentina.

Schmucler, Héctor (2019). La memoria, entre la política y la ética.Textos reunidos (1979-2015). Buenos Aires: CLACSO.

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