Las candidatas a “Mejor Película Internacional” en los Oscar 2026
Como es habitual, la calidad de los films nominados en esta categoría es superior a la de los postulados como “Mejor Película”, aunque la noruega Valor sentimental y la brasileña El agente secreto aparecen en ambos rubros –además de en otras postulaciones- con grandes posibilidades a favor. ¿Podría volver a ocurrir lo acontecido con la coreana Parásitos, que ganó en estas dos categorías en los Oscar 2024? Junto con esto, en la lista de este año hay presencias que irradian una particular significación: la producción francesa Un simple accidente está dirigida por un destacadísimo cineasta perseguido por el régimen iraní, del cual el film es una corrosiva crítica en clave de tragicomedia; la tunecina La voz de Hind Rajab es un desgarrador testimonio del genocidio en Gaza; y la representante de España, Sirat, viene agitando una espinosa polémica por su uso de una estética de la crueldad. Aquí presentamos las reseñas críticas de cada una de las cinco nominadas.





EL AGENTE SECRETO
(Kleber Mendonça Filho, 2025)
Brasil, 1977, dictadura militar, carnaval. Marcelo (Wagner Moura) –ingeniero, docente y científico universitario- ha caído en desgracia ante un ministro corrupto que pretende apoderarse de su proyecto de investigación y se ve obligado a huir, perseguido por un par de matones contratados por el funcionario. Con el objetivo de salir del país, llega a Recife y ahí se aloja en una casa de refugiados opositores al régimen dictatorial, bajo el tierno y enérgico amparo de una anciana, Doña Sebastiana (entrañable actuación de Tânia Maria), adoptando una identidad falsa. Mientras espera la oportunidad para escapar hacia el exterior, consigue trabajo en un centro estatal de emisión de documentos de identidad, lugar donde busca también información acerca de su madre, hasta que se produce la llegada de los sicarios que lo asedian. La nueva película del director de Acuarius (2016) y Bacurau (2019) reafirma la radical particularidad de su estilo autoral, con una combinación febril de thriller persecutorio, mordaz crítica sociopolítica y comedia costumbrista con toques de grotesco, mixtura inyectada de una cinefilia que rinde apasionado homenaje a las salas cinematográficas del pasado, a clásicos del terror de los años ’70 como Tiburón (Steven Spielberg, 1975) y La profecía (Richard Donner, 1976), y a un cine bizarro que incorpora en ráfagas delirantes la leyenda urbana de “la pierna peluda”, muy popular en el Pernambuco de la época. A pesar del título, no se trata de una historia de espionaje, pero sí de un relato inmerso en la atmósfera paranoica característica del género de espías, asistido por una puesta en escena prodigiosa que recrea con precisión el aire icónico de esa década, al igual que ocurría en la multipremiada Aún estoy aquí (Walter Salles, 2024), pero esta vez transfigurando el realismo mediante la notoriedad del artificio estético. La violencia explota con arrebato digno de western espagueti a lo Sergio Leone (la variopinta banda de sonido incluye a Ennio Morricone), o de corporalidad estallada a lo John Carpenter. Hay también algún eco -tanto argumental como visual- de El pasajero (1975), aquella película de Michelangelo Antonioni que también partía de la adopción de una falsa identidad, juego de duplicidad aludido con juguetona ironía en el hecho de que Marcelo trabaja en un Departamento de Identificación portando un nombre falso, mientras le gestionan un pasaporte fraguado, y también a través de la insólita metáfora de un gato con dos caras. En este friso pesadillesco, un sólido pilar es la tensa y sobria melancolía con que Wagner Moura construye su personaje, cualidad que le valió varios premios, entre ellos el de Mejor Actor en el Festival de Cannes 2025. El elíptico desenlace del film se prolonga en un epílogo que destila los claroscuros de la memoria histórica proyectada sobre las historias de vida particulares. Nominada en los Oscar 2026 a Mejor Película, Mejor Película Extranjera y Mejor Actor Protagónico.
LA VOZ DE HIND RAJAB
(Kaouther Ben Hania, 2025)
Durante los ataques de Israel en Gaza, en represalia a la masacre terrorista del 7 de octubre de 2022 perpetrada por Hamás, el 29 de enero de 2024 el ejército israelí ordenó la evacuación del barrio gazatí de Tel Al-Hawa. Ese día, seis miembros de la familia Hadameh quedaron atrapados en su auto bajo el fuego israelí. 355 balas impactaron contra el vehículo, matando a cinco ocupantes, entre los que quedó con vida una niña de seis años, Hind Rajab. Integrantes de un centro de voluntarios socorristas logran ponerse en contacto con la pequeña, quien a través de un celular pide auxilio, desde el interior del auto, rodeada por los cadáveres de sus familiares. Durante largas horas, el equipo de ayuda mantiene la angustiosa y muy precaria comunicación desde sus oficinas, mientras trata de organizar el rescate para el cual necesita autorización y el trazado de una ruta segura, que le permita a una ambulancia llegar al lugar donde se encuentra la niña, muy cerca del centro de socorro. A lo largo de las llamadas que se entrecortan a cada rato, por detrás de la desesperada voz de Hind resuena todo el tiempo el fragor del asedio militar. Ésta es la historia que relata este desolador docudrama de la directora tunecina de los laureados filmes El hombre que vendió su piel (2020) y Cuatro hijas (2024). En una arriesgada operación narrativa, la realizadora entreteje el sonido grabado del intercambio telefónico original con la recreación audiovisual de los hechos, con lo cual se obtiene un ensamble de realidad y ficción docudramática registrado por cámaras movedizas, pegadas a los personajes quebrados por el nerviosismo. Dentro de esta mixtura, en algunos momentos, aparecen en primer plano superponiéndose sobre las escenas ficcionalizadas (pero formando parte de ellas) celulares en cuyas pantallas vemos las imágenes de las situaciones reales, con sus verdaderos protagonistas, recurso que tensa al máximo el efecto de realidad, subrayando el arrasador dramatismo de la situación original. La brutalidad del desenlace hace que la voz de Hindi quede incrustada en nuestra conciencia como testimonio de un genocidio que –según datos de UNICEF- acarreó la muerte o la mutilación de más de 60.000 niños y niñas en toda la Franja de Gaza, entre ellos al menos 1.000 bebés, evidencia de la catastrófica barbarie desatada por los centros de poder bajo complicidades, propagandismo y silenciamientos. Ovacionada de pie durante 23 minutos en el Festival de Venecia 2025, donde obtuvo el Gran Premio del Jurado, candidata a Mejor Película Internacional en los Oscar 2026.
SIRAT
(Oliver Laxe, 2025)
Nacidas de manera clandestina durante los años 80 en galpones londinenses abandonados, las fiestas de música electrónica denominadas “raves” (la palabra “rave” significa en inglés “delirio”) dieron lugar a toda una cultura cuyo núcleo filosófico declarado se concentra en los valores de paz, amor, unión y respeto, movilizados en eventos masivos de baile y experiencia sensorial inmersiva, que se desarrollan a lo largo de extensas jornadas en lugares alejados, a menudo espacios naturales como desiertos, playas o bosques. Éste es el ambiente al que ingresa un padre (Sergi López, en una actuación de reconcentrada enormidad) junto con su pequeño hijo, en busca de la hija que ha desaparecido ligada a este tipo de fiestas. Mientras la búsqueda se prolonga, el hombre y el niño se integran a una comunidad nómade de ravers que se trasladan en desvencijados motorhomes, hasta que en un momento se produce una tragedia tras la cual se desencadenan sucesos cada vez más funestos, en la inmensidad de un paisaje desértico donde se incrustan cuerpos rotos arrastrados por una ilusión. Tachada desde algunas miradas como exponente de un cine que explota la estética de la crueldad, esta película del director de la notable Lo que arde (2019) –cineasta de personalísima presencia en la realización “de autor”- es un viaje devastador, tanto individual como colectivo, al corazón de lo que Schopenhauer caracterizó como “los dolores del mundo”: la desgracia como regla de lo humano. Lo que Óliver Laxe propone –haciendo uso de una puesta en escena q ue recuerda la visualidad de Mad Max- es un periplo trágico hacia ese elemental territorio del dolor, a contrapelo de las promesas de un arte hedonista del éxtasis colectivo como el de las fiestas electrónicas. La brutalidad iconoclasta de este Apocalipsis Rave que arroja Sirat –el delgadísimo puente entre el paraíso y el infierno- es recordarnos la extrema fragilidad que anida en la condición humana, un sentido existencial donde la vida se revela como camino siempre al borde del dolor, sobre todo en tiempos de depredación y crueldad entronizadas. Nominada y ganadora en múltiples premiaciones internacionales, incluyendo el Premio del Jurado en el Festival de Cannes 2025, es candidata a Mejor Película Internacional (también en la categoría “Sonido”) en los Oscar 2026.
UN SIMPLE ACCIDENTE / IT WAS JUST AN ACCIDENT
(Jafar Panahi, 2025)
Perseguido y confinado varias veces a reclusión por el régimen iraní, el célebre realizador de Taxi (2015) y Esta no es una película (2011) entrega en este film, premiado con la Palma de Oro en el Festival de Cannes 2025, una historia de venganza vertida en una combinación de comedia de humor negro y road movie, que sigue el tránsito de un puñado de personajes reunidos en torno al castigo de quien es el probable agente que los torturó en prisión. La comicidad andante se vuelve una herramienta inesperada para tratar como desgarrador dilema moral la encrucijada de la violencia que engendra más violencia, en un país sometido al autoritarismo político religioso. A lo largo del ir y venir de criaturas cinceladas con palpable y atribulada humanidad, mediante un realismo tan despojado como filoso, la película despliega una sucesión de viñetas situacionales que denuncian un mundo donde impera la represión, el soborno y el resentimiento. Sin embargo, en ese amargo caldo de padecimientos, también hay lugar para atisbos de empatía y solidaridad abriéndose paso por entre la maraña de un sistema de oscuridades. Quizá el perdón –no el olvido- sea una posibilidad, pero la sombra hiriente de una tragedia histórica persiste como espectro viviente, siempre al acecho. Candidata a Mejor Película Internacional en los Oscar 2026.
VALOR SENTIMENTAL
(Joachim Trier, 2025)
Gustav Borg (Stellan Skarsgård), es un prestigioso cineasta de extensa trayectoria, artista egomaníaco y padre distante, que al separase de su esposa dejó el hogar, alejándose de sus dos hijas, Nora y Agnes, con quienes se reencuentra tras el fallecimiento de la madre de las chicas. Nora (Renate Reinsve) es una destacada actriz teatral y Agnes (Inga Ibsdotter Lilleaas) –quien en su infancia tuvo un fugaz papel en un film de su padre- es historiadora, casada y madre de un niño. La casa familiar –lugar donde se produce el reencuentro entre el padre y sus hijas, después del sepelio de la madre- es puesta en venta, razón por la cual hay que vaciarla, seleccionando las cosas que posean un valor sentimental. Mientras tanto, Gustav maquina una nueva película con la cual anhela resurgir en el crepúsculo de su carrera –la historia de su propia madre que se suicidó bajo el trauma de haber sido torturada por los nazis- y le propone el rol protagónico a Nora, contando con la relevancia actoral de su hija. Ella rechaza la propuesta, en otro gesto del áspero distanciamiento que mantiene con su padre, a diferencia de la actitud más conciliadora de su hermana. El veterano realizador logra que una estrella hollywoodense (Elle Fanning) acepte el papel y el proyecto se pone en marcha, contando con la casa familiar como locación principal. Gustav llega hasta pretender que en la película el pequeño hijo de Agnes haga de él en su infancia. En este nuevo film del director de la laureada La peor persona del mundo (2021), el mundo del cine se deja ver marcado por el designio de las plataformas de streaming, mientras se entrama en la urdimbre del drama psicológico familiar, con algún aire de Ingmar Bergman, alusiones al Fellini de 8 ½ y una referencia al Woody Allen más bergmaniano: Nora, siendo niña, escuchaba las sesiones de psicoterapia conducidas por su madre a través de la cañería de calefacción, similar a lo que ocurre en Otra mujer (1988). Otras alusiones cinéfilas resultan más irónicas, como cuando Gustav le regala a su pequeño nieto en su cumpleaños DVDs con películas totalmente inapropiadas para un niño, como La profesora de piano (Michael Haneke, 2001) e Irreversible (Gaspar Noé, 2002), material que de todas formas no podrá ver porque los reproductores de DVD has desaparecido de su entorno. Las actuaciones son magníficas y la textura emocional está elaborada con la exactitud de una minuciosa orfebrería dramática. Arte cinematográfico, vida y lazos afectivos se tensan en un entretejido que tiene como centro el espacio de una casa, porque -según queda demostrado en la apertura y cierre de la película- se trata de la historia de una casa, un objeto impregnado de valores sentimentales, un lugar para habitar –con sus grietas, luces y sombras – y recrear en los relatos con que las personas le dan forma a la sustancia de sus existencias. Candidata en los Oscar 2026 a Mejor Película, Mejor Película Internacional, Mejor Actriz (Renate Reinsve), Mejor Actriz de Reparto (Inga Ibsdotter Lilleaas y Elle Fanning), Mejor Actor de Reparto (Stellan Skarsgård), Mejor Director, Mejor Guion Original y Mejor Montaje.
La ceremonia de entrega de los Premios Oscar 2026 se realizará el 15 de marzo.



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