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La Llorona y su Jardín de Dragones prepara su gira por México y presenta La Guagua Chingona

Actualidad

La banda tucumana La Llorona y su Jardín de Dragones continúa expandiendo su universo musical y escénico. En los últimos meses el grupo viene consolidando su lugar dentro de la escena independiente local mientras proyecta nuevos horizontes: una fiesta cultural que mezcla música y performance y la posibilidad de llevar su primer disco, GLUGLU, a una gira por México.

En diálogo con La Nota Tucumán, Camila Plate, cantante de la banda, habló sobre el compromiso político de participar en el Festival por la Memoria, la escena musical tucumana, la búsqueda artística del proyecto y el puente cultural que imaginan con México.

La Guagua Chingona
📍 La Plata 927
📅 Sábado 14 de marzo
⏰ 22 a 23.30
🎟 Entrada libre y gratuita
🎨 Arte y diseño del flyer: Dibujostom

Imagen de La Nota Tucumán

Este fin de semana participan del Festival por la Memoria. ¿Qué significa para la banda estar presente en un espacio con ese compromiso político?

—Como banda sentimos un compromiso enorme con estas causas. Somos parte de la historia y también parte de un sector que vive las agresiones que manifiesta el gobierno de este pobre tipo que es el presidente. Otras generaciones con las que también mantenemos vínculos vivieron situaciones similares a lo que está pasando hoy. Entonces, ¿cómo no estar presentes? ¿Cómo no extender nuestra música para generar unión y fuerza?

La memoria es todo lo que nos trajo hasta aquí. Es lo que nos reúne a pensar cosas nuevas y es también un lugar sagrado, cargado de vidas y territorios. Creemos en la importancia de mantenerla lúcida, presente y viva para poder construir un futuro mejor.

Mi amigo, el poeta jujeño Álvaro Comenzaba, en uno de sus poemas decía: “Cuidado que hasta el mar puede ahogarse, cuidado que hasta el mal suele olvidarse”. Usamos esa frase en una de nuestras canciones y pensamos que como sociedad debemos estar atentos y evitar las trampas que tejen el sistema y el Estado.

—Están organizando además la fiesta La Guagua Chingona. ¿De qué se trata esta propuesta?

—La Guagua Chingona es una fiesta que propone un cruce entre la música latinoamericana y diferentes tipos de artes. En esta primera edición va a tocar en la percusión el Negro Burgo junto a un DJ selector, y habrá intervenciones artísticas vinculadas a la performance, actuaciones y música para bailar.

También habrá comida y bebidas para consumir, algunas inspiradas en la gastronomía de la Ciudad de México, como una forma de alusión al objetivo del evento.

La Guagua Chingona nace del deseo de viajar con la banda para compartir en otros lugares del mundo nuestro primer álbum, GLUGLU. Pero también de la curiosidad que nos despierta el intercambio con otras culturas y de la posibilidad de generar nuevas herramientas como artistas. Nos gusta la idea de llevar un poco de Tucumán hacia México y que el norte se expanda más allá de Buenos Aires.

Buscamos que sea un encuentro festivo para conocer nuevos artistas locales, reivindicar nuestras raíces musicales y generar nuevas formas de difundir y disfrutar del arte. Es una coproducción con Rasuk Producciones y es un evento totalmente independiente.

Imagen de La Nota Tucumán

—La banda está proyectando una gira por México. ¿Cómo surge esa idea y qué les genera ese intercambio?

—Pensar es mover las cosas de lugar. En principio la posibilidad surge así: pensándola, craneándola y buscando la manera creativa y colectiva de materializarla.

Hace un tiempo leo autores mexicanos o que vivieron mucho en México, como Roberto Bolaño —que es chileno pero vivió mucho allí—, Juan Rulfo, Rosario Castellanos o Sor Juana Inés de la Cruz. Después, con la banda empezamos a escuchar muchas bandas contemporáneas mexicanas que nos gustan mucho y con las que nos sentimos identificados en su búsqueda sonora y literaria.

Eso nos generó un imaginario y una conexión con el país, con su arte y también con su política. Nos llama la atención su posición geográfica, esa frase de “México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos”, sus batallas, sus lenguas y comunidades indígenas. Estamos lejos, pero de cierta forma compartimos muchas cosas.

Nos parece una gran idea profundizar esa conexión y hacer de la música un canal para transitar esa experiencia. La expectativa es descubrir qué sucede en ese intercambio: compartir nuestro proyecto, nuestro país, nuestra provincia y nuestra cultura, y también abrirnos a la curiosidad de conocernos.

—Tu participación como protagonista en la película Belén tuvo mucha repercusión. ¿Sentís que esa experiencia también dialoga con la banda?

—Sí, y eso nos gusta. De alguna manera el diálogo existe. Con Félix Llomplat somos actores y teatreros, y nos gusta investigar y experimentar sobre el signo y el símbolo en relación con el cuerpo, lo escénico y lo sonoro.

Trabajamos con imágenes y sonidos que puedan despertar en otros un imaginario a partir de conexiones e identificaciones. Muchas veces generamos esos signos basándonos en elementos que compartimos con la comunidad o la sociedad: la historia de un país, un acontecimiento social, la ropa de una institución. Cosas que todos vemos y escuchamos.

Lo que intentamos es profundizar esa atención colectiva y generar más capas de sentido a la realidad.

El nombre de la banda tiene algo de eso. En Tucumán muchas personas lo conectan con la “llorona de la ruta”. Y cuando vienen a vernos se encuentran con otras cosas que tal vez tienen o no que ver con la idea de la leyenda. Quizás en México pase algo parecido, porque la figura de la Llorona también existe allí y cambia según las regiones. Nos interesa esa posibilidad de que el proyecto ya resuene desde el imaginario cultural.

—¿Cómo definirías el momento artístico que está atravesando la banda?

—La Llorona está en una búsqueda constante de sonido y escena. Esa búsqueda llena de sentido el proyecto y nos impulsa a seguir explorando nuevas formas de permanecer en el ambiente.

A medida que definimos cosas también descubrimos otras nuevas, y eso nos lleva a juntarnos a investigar con ensayos, composiciones, lecturas, cine y una atención muy fuerte hacia la actualidad.

Hacer el álbum GLUGLU llevó muchísima entrega. Ahora queremos cosechar algo de lo que se sembró en ese momento. Nos encontramos, como siempre, amplificando y divirtiéndonos en esa búsqueda.

—¿Cómo ves hoy la escena musical independiente en Tucumán?

—Veo una escena poderosa y cada vez más sólida. Percibo que los grupos musicales independientes, además de componer y lanzar sus proyectos, también están defendiendo sus formas estéticas e ideológicas.

Apareció una especie de voz en la escena, quizás por la crisis que estamos atravesando como país. Cada vez somos más y hay más intercambio de conocimiento y apoyo entre artistas.

La Llorona habita ese mismo mapa. Tenemos un impulso constante de que esa voz sea cada vez más fuerte y más propia. Pienso que el arte tiene que ser revolucionario en lo más under de esa palabra: hacerse preguntas, dudar de las formas de producción más convencionales y darle vuelta a las cosas para poder dejar un mensaje. Ahora nos vamos de gira, pero la posta también está acá.

—En este contexto político, ¿sentís que hacer arte se vuelve también una forma de resistencia?

—Sí. Si de por sí el arte es un lugar de resistencia, también es un lugar de insistencia, de provocación y de transformación.

El contexto puede ser oscuro, pero en el arte se puede encontrar luz y estimulación. Tiene la capacidad de llegar a muchas personas desde distintos planos: físicos, sensibles e ideológicos.

Tirar esa onda es lo que me interesa: la onda de que se puede seguir trascendiendo, creando y reuniéndonos.

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