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Un grito feminista desde los valles

Daniela Romina Cruz tiene 30 años, es de la comunidad diaguita de las Casas Viejas. Al igual que su padre, su madre y sus hermanos, Daniela nació en el Mollar, y tuvo que bajar de los valles a los 12 años para poder asistir a la escuela secundaria. Junto a un grupo personas de los valles están pidiendo una maternidad, sala de neonatología y el cumplimiento de la ley 25.929 de parto respetado para todas las mujeres de su pueblo.

¿Cómo es la situación sanitaria de las mujeres en los valles? ¿La necesidad de una maternidad surge ahora o es una falla que se percibe desde hace años?

Antes funcionaba una maternidad, no sabemos muy bien que pasó. El edificio de la maternidad está, pero lo que pasa es que no está equipada. Ante cualquier complicación en el embarazo o parto directamente te bajan a Concepción. ¿Qué implica esto?  El desarraigo, y el desarraigo es algo político. Yo todavía lo sufro, no pude volver a vivir en mi tierra. Si en el pueblo no nacen niños, la tasa de natalidad no crece, por ende no tengo que seguir repartiendo la tierra. Yo me vine a la Capital a los 12 años porque no había secundaria en el pueblo, ¿sabes cómo se consiguió años después? Las mujeres cortaron la ruta para que las escuchen. Esto pasó hace siete años atrás.

Y este problema por la tierra es el de hace siglos. Nosotras creemos que esto es genocidio silencioso, es una desaparición sistemática de mi pueblo. Nos obligan a que nos vayamos del pueblo porque no hay nada. Yo nunca digo que dejo de ser de mi pueblo, porque voy y vuelvo todo el tiempo.

Sufro porque veo como lo han devastado. Son algunas familias de doble apellido las que se adueñaron de las tierras, y empezaron a cobrarle por el pasteo a la gente del pueblo. Empezaron a pedirle dinero o la entrega del mejor animal. Esas familiar no quieren que nuestro pueblo crezca, son los grandes saqueadores de los valles.

Con respecto a la maternidad, hubo un caso que tuvo mucha repercusión,  fue el de una mujer que murió esperando la ambulancia. Estaba iniciando trabajo de parto y tuvo complicaciones, subió la ambulancia a buscarla, pero cuando llegó ya había muerto ella y su bebe. Desde ese momento no nacieron más niños allá.

¿Cómo empezaste a interiorizarte por este tema?

Hace un año volvieron a vivir unos familiares. Mi prima queda embarazada y fue a buscar para poder parir, cuando preguntó en el hospital de Tafí, se da con que no hay maternidad. Ella tiene 3 nenes, entre ellos uno de 2 años, lo que implica que si ella se viene a parir aquí tiene que dejar a su nene con alguien o arrastrarlo aquí. Por suerte nos tiene a nosotros que estamos aquí para poder quedarse, pero hay mucha gente que viene y duermen en las plazas o alrededor de los hospitales. Bajan de los valles y tienen que dormir como perros.

Ahí fue que el compañero de mi prima empieza a preguntarse por qué tiene que dividir a su familia y trasladarse para el parto. Empieza a averiguar y descubre que es un derecho básico poder tener una maternidad. Esto para mi comenzó como algo de mi familia, y siguió después juntándome con Fernando, y  Mónica, una activista feminista comprometida.

Nosotros empezamos a difundir por Facebook que lo que pasa no está bien, está mal. Porque  nos acostumbramos y naturalizamos esto. Yo, por ejemplo, tuve a mi hijo en Capital, con todos los recursos, y nunca me hizo ruido que todas mis primas tuvieran que bajar para parir. En un momento pensé “lo hacen porque quieren hacerse cesárea”, pero no, en realidad vienen acá porque se ven obligadas. El parto respetado no existe, lo que sí existe es mucha violencia institucional y obstétrica.

Empezamos a hablar con  las mujeres, son muchos años de opresión. Y muchas malas experiencias con personas que se ponen winchas en la cabeza, se acomodan y se olvidan del pueblo. Nosotras queremos que se sepa que no tenemos ni queremos banderas partidarias, si al pueblo unido pidiendo un derecho básico.

¿Cuál fue el ánimo de esta asamblea?

Hay hombres y mujeres MUY interesados. En este momento, por ejemplo, hay una mujer que tiene diabetes, rompió fuente a los tres meses por un pico de presión, por lo cual tiene un embarazo de riesgo y está internada en la ciudad de Concepción. Además tiene una niña de cuatro años, por lo que su compañero tiene que estar una semana aquí abajo, y una semana arriba. Va y vuelve para poder acompañarla en el hospital, y también poder estar con su hija. Implica un gasto tremendo, el desarraigo y una quita simbólica de identidad, en las actas de nacimiento de niños y niñas figura nacidos en San Miguel o Concepción. La gente grande está muy interesada, porque está cansada. Porque el punto de venta turístico que tiene Tucumán, es Tafí del Valle, pero la propia gente de ahí no tiene una maternidad de baja complejidad.

Allá a las mujeres las aterrorizan, porque si bien pueden hacerle controles, les dicen que tienen que si o si bajar, o que si o si necesitan cesárea. No se vive el parto respetado, desde el principio porque no se puede elegir donde parir, nos alejan de nuestra tierra.

¿Te consideras feminista, de algún sector particular dentro de los feminismos?

Sí, soy feminista. Si hoy en día se me da por luchar por esta maternidad para los valles, es porque justamente me está atravesando lo que es el feminismo, lo que es luchar por los derechos. Algo tan simple y tan complejo a la vez.

Creo que el feminismo es uno solo, es lucha por los derechos de todas. También creo que, en un sentido, que todas y todos somos hijas del patriarcado. Creo que nuestros hijos o nietas serán feministas, creo que todas somos machistas en deconstrucción, esto a veces no es bien recibido cuando lo tiro entre compañeras, pero lo creo.  Tenemos cultura machista, y practicas machistas que algunos llaman “micromachismos”, para mí el machismo es machismo no importa si es micro.  Son años de lucha feminista, hace siglos que empezaron las mujeres a luchar.

¿Este posicionamiento es bien recibido por la sociedad y por la comunidad?

A nosotras nos atacaron diciendo que para qué queremos una maternidad si nosotras somos “aborteras”. Y en realidad nosotras queremos el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos, y el derecho a la vida, a la vida de las mujeres que deciden parir como decisión propia. El derecho a planificar la vida. Esto todavía es complicado, vivimos en una sociedad con fuerte presencia de la iglesia católica, hay mucho silencio, muchas cosas que no se dicen, entre ellas mujeres que fueron violadas por sus maridos, y llevaron embarazos a término. Apoyamos el aborto legal, seguro y gratuito pero en las asambleas no estamos ahora luchando por el aborto, porque vemos como una primera necesidad para nuestro pueblo luchar por una maternidad, aunque sea una de baja complejidad.


La lucha feminista, el reclamo por derecho a la salud y la histórica lucha por las tierras se entrecruzan en el relato de Daniela. El feminismo pasa a ser ese espacio en donde todas y cada una pueden encontrar la fuerza para luchar por lo que les pasó, por lo que les está pasando y por todas las violencias y desigualdades que atraviesan los cuerpos.  El grito feminista de los valles cobra fuerza y pide a todos y todas que las puedan escuchar.

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