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San Cayetano, por el pan y el trabajo
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San Cayetano, por el pan y el trabajo

San Cayetano es uno de los santos a los que más se les reza y que más estampitas vende año a año. Cada 7 de agosto peregrinan miles de personas en diferentes partes del mundo para rendirle homenaje, hacerle pedidos y agradecerle, a fuerza de ser el patrono del pan y del trabajo. 

En Tucumán, las celebraciones comenzaron anoche con una misa en su honor en el templo San Cayetano, de avenida Brígido Terán 910, con una misa. Hoy desde primera hora se celebraron oficios religiosos. Por la tarde, el oficio central, dedicado a los trabajadores, se hará a las 16. Luego tendrá lugar la procesión y habrá dos misas más, a las 19.30 y a las 21.30.

A nivel nacional, en la ciudad de Liniers, provincia de Buenos Aires, se encuentra el templo en su honor. Este año se espera alrededor de 600.000 fieles, muchos de ellos acampan días antes para poder cumplir una promesa, encender una vela o hacer un pedido.

Este año, además, organizaciones sociales y gremiales convocaron a una marcha desde el templo hasta Plaza de Mayo en reclamo de la sanción de la ley de emergencia alimentaria, bajo la consigna “Pan, Paz, Tierra, Techo y Trabajo.

¿Quién fue San Cayetano?

Se le atribuyen numerosos “milagros” relacionados al trabajo y las condiciones precarias de vida . Por lo que se sabe, era hijo de una familia ilustre, pero él desde siempre entendió la necesidad de poder distribuir las riquezas entre quienes menos tenían. En 1504 se recibió de abogado en la Universidad de Padua. Luego, el Papa Julio II lo nombra Protonotario apostólico y Camarero Pontificio. En 1516 fue ordenado sacerdote y entra en la Cofradía del Divino Amor. En Vicenza se unió a un grupo de gente devota a los cuales prepara para atender a enfermos incurables. Fundó en Roma una congregación de clérigos llamada Teatinos, por haber sido el primer superior el obispo de Teati. 

San Cayetano, llamado el “Santo de la Providencia”, murió en Nápoles en 1547. El papa Clemente X lo proclamó santo en 1671.

Cuentan que a fines del 1800 un campesino le pidió que intercediera por la falta de agua y, a modo de agradecimiento, le dejó una espiga de trigo a los pies de su imagen. Tres días después, llovió tanto que la ciudad se inundó. En la década del 30, en plena crisis económica, comenzó a extenderse el culto al santo, que vivió en la austeridad y ayudó a los más necesitados.

Su oración:

¡Oh! Glorioso San Cayetano, Padre de la Divina Providencia, no permitas que en mi casa me falte la subsistencia. Que no nos falte el pan, la paz, y el trabajo; porque con portentosos milagros socorres a cuantos te invocan con fe en sus necesidades. Bienaventuranza eterna. Amén.

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