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“Orgullo es militar”: Homenaje a Verónica Marzano
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En el marco del 7 de marzo, día de la visibilidad y resistencia lésbica, recordamos a Verónica Marzano, una activista del lesbianismo, el feminismo y la descriminalización del aborto, pero también militante de otras luchas difíciles de sintetizar en pocas líneas. Ana Mines, amiga y compañera de Vero, la homenajea y nos invita a conocerla a través de su recuerdo de la amistad creada entre ellas.

Vero Marzano nació en la provincia de Buenos Aires. Fue autora de Revista “Baruyera”una tromba lesbiana feminista, creada –como muchas de sus militancias- junto a Coco Gonorazky, su pareja. Baruyera fue una joyita editorial que supo plasmar en papel las distintas discusiones que se daban al lesbofeminismo desde principios del 2000 hasta la fecha en la que dejo de publicarse, 2012.

En el 2009 fue impulsora de uno de los proyectos más ambiciosos en el activismo pro aborto de Argentina, la línea de información gratuita y segura “Más Información, menos riesgos”, donde los principales ejes de trabajo fueron el aborto como una política -negada- de salud, la información y la posibilidad de elegir como derechos propios de la autonomía de las mujeres y la visibilización de cifras y experiencias en las que se realizan abortos las mujeres en Argentina.

Vero también era Trabajadora Social, docente de la Universidad de Madres de Plaza de Mayo, fue parte de Consejo Nacional de las Mujeres como asesora, participó en la creación del programa cooperativista nacional “Ellas hacen”. Se definía como lesbiana y orgullosamente peronista. Militaba en el Frente por la Igualdad Hilda Torres.

Falleció en un accidente de trenes el 8 de junio del 2017, en la Ciudad de Buenos Aires.

La fuerza de Vero / Mi amiga, la albahaca. Por Ana Mines

Otoño. Como a muchxs, el 2017 me dejó unas cuantas cicatrices. Entre las más gruesas, profundas, aún en proceso de sanación está sin dudas la partida de Vero. Era de noche cuando, envalentonada por la pesada desidia estatal, la ráfaga implacable de un tren se dio paso quitándole el aliento.

La verdad no me acuerdo cuando conocí a Vero, 2005 o 2006, en lo que en ese entonces era “La Casa del Encuentro”. Yo no cachaba nada, acababa de llegar de Tucumán, exiliada por la imagen del no futuro aparejada al lesbianismo y la chonguez. Parece que no, pero vaya que hemos ocupado espacios en estos años.

A “La Casa del Encuentro” llegué buscando espacios de lesbianas en internet. Me quedaba más cerca que otros. Vero ya estaba allí, lúcida y encaradora, de esas que “no dan puntada sin hilo”, como diría mi madre. Siempre me impresionó su sensibilidad para hacer radiografías a las personas. Era estratégica, en lo afectivo y en lo político. A mí me sacaba la ficha permanentemente: cuando tenía miedo, cuando estaba triste, cuando me gustaba alguien y me veía toda poseída por la timidez. Se me reía, nunca haciéndome burla, siempre alentándome para dar ese pasito, sea el que fuese. Rápidamente Vero se hizo familia para mí. Emprendimos amistad, proyectos, discusiones, acciones, noches larguísimas de conversaciones y rosqueo tomando helado y ranchando en la puerta del edificio en el que vivían con Coco. Pues sí, Vero era un motor, una incandescencia, una esponja. Siempre quería hacer cosas, siempre estaba investigando, armando grupo. Era una articuladora política brillante. Sumamente generosa para reconocer capacidades y virtudes. Creativa, valiente.

Aprendí muchísimas cosas con ella y de ella, una fundamental, que espero me acompañe como un tesorito en la vida: se puede hacer política sin ser una burócrata. ¿Qué quiero decir con esto? Vero no hacía un kiosco con su activismo y su militancia. Realmente le interesaban los efectos de sus prácticas políticas y no así consagrarse a través de ellos. Su lucha por la legalización del aborto, por el derecho al acceso a la información pública, la defensa a capa y espada del misoprostol popular fueron ejemplos de ello.

Con Vero compartí los espacios más reflexivos, duros, críticos, tensos, pujantes y potentes por los que me llevó el activismo. Nos peleamos varias veces, una vez feo. La verdad verdadera es que en general no teníamos mucha afinidad política (en los términos más formales de “la” política). Lo que sí teníamos era mucho cariño, el guiño que nos daba la vivencia común del lesbianismo, los códigos comunes que nos dio todo lo compartido y las ganas (que, sí, a veces llegaban con delay) de aprender una de la otra. A veces Vero era implacable. Pero también era muy sensible. La vi no sólo reconocer errores sino con una gran voluntad por aprender de ellos. La vi arrepentida, incluso desconociéndose. También la vi empezar de nuevo, una y otra vez. Cuanta valentía. Siempre la admiré muchísimo.

Primavera. El cambio de casa de Flores a Almagro, trajo consigo un montón de luz para mis plantas. Yo, feliz. Antes tenía una ventanita en la que la albahaca “cogoteaba”, o sea, se estiraba, para recibir un poquito de sol. Aquí en Almagro se hizo gigante de golpe y empezó a florecer sin cesar. Mi tía me dijo que era bueno cortarle las flores, porque así la planta dispone parte de la fuerza que toma para florecer en seguir creciendo. Pucha la albahaca,un día le cortaba una flor naciente y al otro día ya preparaba el nacimiento de varias flores nuevas. La verdad, más de una vez me hizo llorar. Cuánta vida, cuánta fuerza.

Así, sin más, la albahaca me trajo muchas veces a Vero, su fuerza, su frescura, su hacerse una y otra vez, aún frente a las hostilidades.

A Vero la mató un tren, una barrera alta que debía estar baja. La mató la desidia estatal, el afán de lucro y su contracara, el afán del gasto mínimo en todo aquello que no sea inmediatamente redituable en términos empresariales. La mató esa locura tan racional que caracteriza a estas épocas por hacer de todo un negocio y acumulación.

El 7 de Marzo, día de la visibilidad lésbica, aniversario del asesinato de la Pepa Gaitán, pienso mucho en Vero. La extraño. Pienso en todo lo que aprendí, me angustia lo que podría haber sido y no fue. Pienso y pienso. La vida militante de Vero fue para mí una escuela en la que aprendí a pensar y a hacer. Con Vero la política sexual, el lesbianismo, el feminismo, el anticapitalismo, la violencia de la sociedad de clases y del racismo, la acción directa y la dimensión ética de la política, venía todo junto y arremolinado. En lo que Vero se propusiese la caracterizaba el compromiso tenaz, una apuesta rotunda por lo colectivo y el sentido crítico.

Así la quiero recordar y, humildemente, honrar en lo que pueda.

¡¡¡VERÓNICA MARZANO, PRESENTE, AHORA Y SIEMPRE!!!

 

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