Luciano Benjamín Menéndez en una audiencia judicial  (Foto: NA)

 “En el Colegio Militar, le decían “chupete” por su cara aniñada. Fue uno de los generales más jóvenes de la historia, cree que la muerte por tortura es un “error táctico” y se pone loco si lo tildan de ladrón. A los 88 años, pasa algunos días de los 382 años que debe estar preso en una casa del barrio cordobés Bajo Palermo. Otros, sale a caminar por la calle o va al médico. Un perfil del principal responsable del “plan sistemático de exterminio” de la Dictadura que “fue feliz” al enterarse que Mauricio Macri era el nuevo presidente de los argentinos”. Así comenzaba el artículo desarrollado por Juan Manuel Mannarino para la revista Anfibia, en el mes de enero de 2016.

Menéndez, murió a los 90 años en la provincia de Córdoba. Se encontraba internado desde el 7 de febrero en el Hospital Militar de la provincia serrana por un cuadro cardíaco agravado.

El 24 de Julio de 2008, la Justicia sentenció a prisión perpetua, inicialmente revocó la prisión domiciliaria y ordenó la inmediata encarcelación del ex jefe del Tercer Cuerpo del Ejército, Luciano Benjamín Menéndez, y a otros siete represores acusados de cometer crímenes de lesa humanidad durante la última dictadura militar en “La Perla”. De los 622 ex militares de la última dictadura condenados por delitos de lesa humanidad, Menéndez fue récord. Desde que la Corte declaró la inconstitucionalidad de las leyes de obediencia debida y punto final en 2005 y hasta la fecha -según datos de la Procuraduría contra Crímenes de Lesa Humanidad- fue imputado en 73 causas y acumuló 12 condenas.

Massera, Menéndez y Videla

Pasado nefasto y presente hasta el fin

Las sentencias lo sitúan como principal responsable del “plan sistemático de exterminio que se impuso entre 1976 y 1983”. Siete de las condenas fueron de reclusión perpetua, tres de prisión perpetua, y las dos restantes de 20 y 12 años. Y cuatro de las perpetuas estuvieron firmes por resolución de la Corte Suprema.

Calmo y entusiasta, el ex jefe militar repitió hasta el fin que Argentina “vivió la Tercer Guerra Mundial entre Occidente y el marxismo” y justificó en los juicios que el Ejército salvó al país de una agresión interna financiada por el exterior. Sin embargo, el Estado militar procedió al margen de la ley…

El poder que manejó como Comandante en Jefe del Tercer Cuerpo de Ejército –el segundo más grande del país-, con sede en Córdoba, fue absoluto. La Junta Militar –compuesta por el Ejército, la Armada y la Fuerza Área- dividió el territorio en cuatro zonas.  Menéndez lideró la Zona III con 15 mil efectivos, tres brigadas, 24 áreas y veinte regimientos a su cargo en diez provincias: Córdoba, San Luis, Mendoza, San Juan, La Rioja, Catamarca, Santiago del Estero, Tucumán, Salta y Jujuy. Era la mitad del país.

“A las desaparecidas Menéndez las hacía rotar de norte a sur para que nunca las pudiéramos encontrar”, dijo Sonia Torres, una de las fundadoras de Abuelas de Plaza de Mayo de Córdoba, sobre quien fue responsable de 238 centros clandestinos en el total de las diez provincias–Tucumán con 78 y Córdoba con 59 fueron las principales- . Sólo en Córdoba, hay entre 500 y 700 víctimas por el terrorismo de Estado. Menéndez siempre lo negó: “…los desaparecidos desaparecieron y nadie sabe dónde están, lo mejor será entonces olvidar” -Revista Gente, 25 de febrero de 1982-. Sonia aún busca al hijo de Silvina Parodi, su hija secuestrada en 1976.

Sin duda, éste será un día recordado por miles de argentinos.