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La Marcha del Orgullo de Argentina no es una sola

Foto Natalia Bernades para la Retaguardia

Este fin de semana se celebró la Marcha del Orgullo LGBTTTIQ+ en Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Es la marcha del orgullo más multitudinaria e histórica del país. Pero el orgullo también se riega en las provincias. Reflexiones federales lejos del puerto.

Este fin de semana se celebró la Marcha del Orgullo LGBTTTIQ+ en Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Es la marcha del orgullo más multitudinaria e histórica del país que reúne a lesbianas, gays, homosexuales, travestis, trans, drags, bisexuales, asexuales, no binaries y toda la disidencia. En 1992 se realizó la primera y convocó a 250 personas. Muchas de ellas se cubrieron el rostro por miedo a perder sus empleos si se enteraban de su orientación sexual. La historia de lucha de cientos de activistas y militantes logró transformar las demandas en cambios jurídicos de gran relevancia en nuestro país.

Como correlato de eso, año a año la participación en las marchas fue creciendo, los espacios de militancia también, y varios espacios culturales fueron tomando participación en la organización de la marcha. En la actualidad cientos de miles de persona hacen que la marcha del orgullo sea un evento sin igual en el país. Un escenario enorme, que este año tuvo como artista principal a Marilina Bertoldi, stand de feriantes, partidos, ONGs y hasta oficina del Estado se dan cita en plaza de Mayo. La marcha es guiada por enormes carrozas, djs y performance de todo tipo.

Este evento parece ser el día de mayor visibilidad de la comunidad LGBTIQ en nuestro país. Paradójicamente, en la actualidad esa visibilidad tiene estructuras que están bastante lejos de poder representar la diversidad argentina en toda su expresión.

La marcha del orgullo de Argentina, en realidad es una marcha que representa a quienes habitan y transitan Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Y en cierto punto eso no está mal, solo que parece ser necesario decirlo, para pensar si políticamente no hay otros caminos posibles que “la diversidad” pueda tomar, para tener mejores resultado de los que tuvimos hasta ahora.

La historia de migración interminable

Ser gay, lesbiana o trans en un municipio de 5 mil habitantes no es igual que serlo en CABA. Las diferencias son abismales y no todas negativas. El asunto es que muchas veces ser lo que cada uno/a/e quiere ser se vuelve imposible en ciertos lugares. La violencia está en todos lados, pero en entornos alejados de las grandes ciudades esa violencia se transforma en el destino final de los miembros de la comunidad LGBTIQ. Por eso la migración fue, es y será moneda corriente.

Las personas más pobres migran haciendo dedo en la ruta, intercambiando sexo por un viaje, transitando provincias hasta llegar a alguna ciudad más grande, porque aunque no se tenga nada material, el aire pesa menos, las miradas de los demás pesen menos. Otras personas con mayor poder adquisitivo migran para estudiar en CABA, allí pueden ser todo lo distinto que quieran lejos de la vergüenza que aún genera en “las familias bien” tener un hijo/a/e no cis-heterosexual.

Las migraciones también son por proyectos. En CABA hay formas de trabajos cuyos nombres ni siquiera se conocen en Tucumán. Y también posibilidades de trabajar de lo mismo que en el resto de país, con el agregado de tener una vida posible más amplia, menos escrutada por la opinión de quienes nos rodean. Esa opinión tan familiar y conservadora.

Nosotras/os/es migramos. Y eso no es garantía de nada, ni de éxito ni de fracaso, pero si es un dato que necesitamos tener en cuenta, y pensar que la migración es un derecho y también que debería ser una opción mas no una imposición del entorno en el que nos criamos.

La unión de propios y ajenos en CABA permitió un crecimiento en la injerencia política de la comunidad diversa. El avance de reconocimiento de derechos como la ley de matrimonio igualitario y la ley de identidad de género mostraron cambios considerables para un amplio sector de la comunidad.

Diversidad unitaria

Al compás de la ley de matrimonio igualitario, en distintas provincias del país se fueron orquestando grupos de militancias diversas. Esto generó un antes y un después en todo el territorio nacional. Salir a las calles del propio pueblo significó un avance político sin igual.

A partir de esa militancia del 2008, 2009 y 2010 ya no solamente se marchara en CABA, sino que año a año fueron sumándose otras provincias.

En Tucumán las primeras marchas del orgullo no fueron como la de 1992, ni tampoco son en la actualidad como las del 2019 de CABA. Hay una historia reciente, incluso hay discusiones sobre quiénes y cómo se organizó “la primera marcha del orgullo”.

Una lectura ingenua del asunto puede creer que estamos haciendo unos años más tarde el mismo recorrido que se hizo en CABA, entonces quizás en 10 años lleguemos a tener alguna estructura similar a “la de allá”. Pero la realidad política marca que Tucumán no es CABA, y que los/as/es que vivimos en la provincia tampoco somos fotocopias políticas de la vanguardia del centro del país.

Las marchas del orgullo tampoco son ya la única intervención pública de la comunidad en las calles. Los besos masivos, las movilizaciones, protestas y los escraches suceden durante todo el año, tanto en nuestra provincia como en otras.

Las feministas andan haciendo

Es prácticamente imposible no pensar y comparar a la militancia por la diversidad/disidencia con los movimientos feministas. En miles de persona ambas luchas se hacen cuerpo y en otras se sigue de cerca.

El Encuentro Nacional de Mujeres, ahora Plurinacional de mujeres, lesbianas, trans, travestis y no binaries surge de otro modo y responde a otro tipo de organización. Año a año el encuentro se va movilizando a distintas provincias y generando una revolución en cada ciudad donde se encuentran. Los debates, los talleres y las movilizaciones dan cuenta de que la horizontalidad es un objetivo político, o por lo menos un horizonte a partir del cual se generan las condiciones de encuentro.

Resulta impensable pedir que la marcha del orgullo de CABA empiece a dar vueltas por el país. Quizás también además sea un error político. El activismo de CABA, con sus redes y sus ONG con subsidio internacional han construido algo, han logrado ser invitado a algunas mesas de gestión e impulsando la aprobación de otras leyes.

¿Porque deberíamos quitar a este entramado político de su nicho? ¿Para qué querríamos sacar ese evento, con su escala y sus repercusiones de la escena política argentina?

Es necesario pensar qué representa esa marcha y esas formas de activismos. Qué estrategias podemos tener para pensar otros modos de hacer políticas. Y pensarnos también desde nuestra territorialidad, hacia nuestras experiencias y devenires no capitalinos.

Que ser gay en Tucumán sea distinto de ser gay en CABA siempre. Pero que esa diferencia no sea sinónimo de más violencia y desigualdad para todos. Mientras en los centros urbanos piensan en críticas y avances a la ley de identidad de género, en nuestra provincia aún es difícil hacer que se respete la identidad de género en las propias instituciones del Estado.

No es responsabilidad de quienes habitan CABA pensar en lo que pasa o no en el resto del territorio. Si es responsabilidad de todas/os/es pensar que a estas alturas las prácticas políticas no federales tienen cada vez menos posibilidad de transformación del territorio por fuera de CABA. La letra pesa cada vez menos, y la violencia no deja de reproducirse.

La diversidad no alcanza, la disidencia tampoco, las leyes no lo logran todo y el Estado no es el mismo en todos lados. Un futuro mejor para todas/os/es requiere que podamos pensar en otros términos, dejar de mirar al centro y mirarnos también entre quienes tenemos más cercanía.

La diversidad popular y el orgullo federal pueden ser una realidad, si logramos ver los límites de la diversidad unitaria.

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