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Fue un Travesticidio
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El 9 de febrero comienza el juicio por el travesticio de Diana Sacayán, referente nacional del movimiento de la diversidad.

Fotografía Mariana Leder Kremer Hernández

Amancay Diana Sacayán fue líder de Movimiento Antidiscriminatorio de Liberación y secretaria alterna de la Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersex para América Latina y el Caribe (ILGALAC). Su activismo en provincia de Buenos Aires la convirtió en referente nacional del movimiento de la diversidad, fue la primera en pensar y militar para la Ley de Cupo Laboral Trans, y participó del Frente por aprobación de la Ley de Identidad de Género.

El 13 de octubre del año 2015 la encontraron sin vida en su departamento del barrio porteño de Flores. Según la autopsia su cuerpo recibió 27 lesiones, de las cuales 13 fueron producidas por un arma blanca. El acusado de ser autor material de este crimen fue identificado como Gabriel David Merino de 25 años, los cargos por los que será juzgado son “homicidio triplemente agravado por haber sido ejecutado mediando violencia de género por odio a la identidad de género y con alevosía y robo.”

Según lo anunció el Tribual Oral en lo criminal y correccional Nº 4, el 9 de febrero del 2018 comenzaría el Juicio oral y público, y continuará con sesiones los días 14 y 16 de febrero. Sasha Sacayán, hermano de Diana, comentó cómo se preparan para el inicio del juicio:

“Pudimos lograr que se hable de travesticidio. En nuestro escrito de prueba hablamos de travesticidio. Consideramos que cierta parte de la lucha se gana en las calles. Entendemos que, así como antes no se hablaba de femicidio, y se empezó a hablar producto de esta lucha, lo mismo debemos hacer con travesticidio. Para nosotros es un momento especial, es la primera vez en la historia de la justicia argentina que se va a pronunciar por la muerte de las travestis. Porque este juicio no es solo por Diana, es por todas las travestis. Es indispensable que cada uno desde su lugar pueda acompañar”.

Fotografía Mariana Leder Kremer Hernández

La muerte violenta que sufrió Diana Sacayán, lamentablemente, forma parte de un largo historial de violencia que padece el colectivo travesti/trans. La forma de violencia sobre las travestis es sistemática, endémica y con caracteres diferenciados de otros tipos de violencia que reconocen nuestras leyes. Lohana Berkins, en razón del crimen de Sacayán, dijo: “la única condición que para nosotras prevalece en este crimen, sean cuales fueran las tramas policiales, es su sola condición de travesti. A ella la mataron por eso. Las demás razones son secundarias. Pido que se tenga en cuenta el contexto en el que vivimos las travas”.

Ese tener en cuenta el contexto, significa atender al término travesticidio, porque lo que no se nombra no existe. Encontrar justicia en un asesinato para cualquier persona significa juicio justo y condena, pero cuando ese crimen tiene como víctima a una travesti, hacer justicia implica además reconocer la identidad, y junto a ello, la larga y sistema historia de discriminación y violencia que la sociedad desplegó contra esa las travestis y trans.

Desde el Observatorio de Género en la Justicia de la Ciudad de Buenos Aires apuntaron a favor del uso de los términos travesticidio y transfemicidio para calificar a este extremo de violencia:

  • Permiten reconocer la especificidad de sus identidades y expresiones de género y atender a las particularidades de los crímenes perpetrados contra ellas. Además, distingue estos crímenes de aquellos cometidos en virtud de la orientación sexual de las víctimas, como ser crímenes homofóbicos /lesbofóbicos
  • Emerge del consenso de la comunidad afectada. Es la propia comunidad afectada la que pone el nombre a esta violencia.
  • Reconoce que la motivación de estos crímenes reside en el género. En consecuencia, amplía la noción de violencia de género, expandiendo su espectro de modalidades y víctimas.
  • No adopta el punto de vista del perpetrador, sino que hace foco en las víctimas y permite atender a las condiciones de opresión sistémica, es decir a la forma en que poblaciones enteras son excluidas de las oportunidades de vida -tales como la educación, el empleo, la vivienda, la salud y la alimentación.
  • Otorgan centralidad al rol del Estado – por acción y omisión – con relación a la impunidad de estos crímenes y la connivencia estatal; señala además su responsabilidad en lo que hace al desarrollo de políticas públicas para erradicarlos.

Fotografía Mariana Leder Kremer Hernández

La agenda de reivindicaciones y necesidades del colectivo travesti y trans en nuestro país es extensa, el pedido de justicia por el travesticidio de Diana Sacayán forma parte de ella. En estos crímenes no hay posibilidad real de resarcir el daño, Diana no volverá. Tampoco lo harán las miles de travestis y trans asesinadas y violentadas, incluso luego de su muerte, por los medios de prensa y las instituciones estatales, esos que durante décadas registraron los travesticidios como “muerte de NN masculino”.

Si se habla de travesticidio es porque estos asesinatos no son casuales ni excepcionales, es una forma más que tiene la cultura de violentar a las femeneidades, a esos cuerpos que abrazaron la femenidad y se alejaron de lo masculino.

Los jueces tienen la posibilidad efectiva de reconocer la lucha de Diana Sacayán por la identidad travesti. Tienen en sus manos la decisión histórica de hacer que el asesinato de una travesti deje de ser invisibilizado.

Violentar a travestis tiene que dejar ser algo menos repudiable que violentar a cualquier mujer, tiene que dejar de ser el deporte nocturno de grupos de hombres machistas, tiene que dejar de ser el placer perverso de las fuerzas policiales. El asesinato de Diana Sacayán fue travesticidio.

Por Bruno Bazán

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