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“Dependiendo de la naturaleza de cada proyecto, la construcción de un personaje puede tomar infinitos caminos”

Luego de ganar un premio internacional como mejor actor de cine con su protagónico en “El motoarrebatador”, película consagrada en la última edición del Festival Tucumán Cine, Sergio Prina, fue entrevistado desde La Nota para dar cuenta de este momento y su recorrido como actor y director de teatro.

Sergio “Negro Prina es actor, director y docente de teatro recibido de la Facultad de Artes de la UNT. Una vez iniciado en la actuación, trabajó con diversos directores de la escena local, como Máximo Gómez, Manuel Maccarini, Raúl Reyes, Carlos Correa, entre otros. Largo fue su andar en el ámbito teatral tucumano, recorrido que se manifiesta en tiempo presente al dirigir la obra Que pase algo…(Título en proceso) -producto del taller anual de actuación que coordinó en 2017-, con la que ganó la Fiesta Provincial del Teatro y recibió una mención como mejor director. Si bien el lugar alcanzado desde el teatro resulta destacable, hay otro que lo distingue enfáticamente en estos tiempos: el cine.

Pantalla grande

Y es que el “Negro” ganó, semana atrás, el premio a mejor actor en el Festival de cine de Lima, Perú, por su actuación protagónica en la película El motoarrebatador -escrita y dirigida por Agustín Toscano-, ganadora del Festival Latinoamericano “Gerardo Vallejo” Tucumán Cine. “Últimamente pasaron cosas increíbles que sigo disfrutando”, expresó para La Nota.

Filmada íntegramente en Tucumán, El motoarrebatador saltó a la fama antes de su estreno nacional por su participación en la 50 Quincena de realizadores del Festival de Cannes en abril de este año, recibiendo una excelente recepción de la prensa internacional y del público. La actuación local fue encabezada por Prina y Liliana Juárez, con quien compartió previamente en la película Los dueños, ópera prima de Toscano y Ezequiel Raduzky, y que en 2013 recibió una mención honorífica en al Semana de la crítica del Festival de Cannes.

Gente No Convencida

“Con Boby (Agustín Toscano) empecé a trabajar en una obra de teatro, producida por el grupo GNC, llamada La verdadera historia de Antonio (versión libre del ex Antuan de Federico León), proyecto en que también trabajé con Liliana Juárez. Casualmente, también me convocó para realizar el papel de un ladrón, pero con una participación muy pequeña. La obra estaba casi lista cuando entré y en una función-ensayo que hicimos para amigos y amigas, Daniel Elías y Ezequiel Raduzky (GNC) hicieron una defenestrante devolución y sugirieron varios cambios. Boby los contempló, re-elaboramos la obra y pasé de ese pequeño papel de último momento, a realizar el protagónico, casi sin querer, con Lili (Juárez)”, recordó Prina.

“En esa obra comenzamos a conocernos laboralmente; ellos a mí como actor y yo a ellos como directores. Los conocía por obras anteriores, dirigidas y actuadas por ellos, que me parecían geniales desde los textos, pero no así desde sus actuaciones. A partir de ese entonces, Toscano, Elías y Raduzky, empezaron a dirigir al unísono, cada uno desde sus singularidades, logrando una propuesta de mucha contradicción para los actores y actrices de ese entonces. Estábamos allí Lili Juárez, Susana Martínez, Esteban Zelarayán y yo. Desde estas consignas -disímiles y muy contradictorias- que iban surgiendo en los ensayos, debíamos tomar decisiones que, de algún modo, educaron una suerte de inteligencia o destreza actoral; algunas decisiones eran exitosas y otras no y estaba claro que de cada experiencia se aprendía algo. Hoy puedo sacar en limpio que la inteligencia actoral no está en una marca permanente, sino en darle nueva vida suscitando cambios constantes. Los resultados de esa experiencia no sólo fueron visibles en la mutación de los personajes, debido a que la obra también se transformó, pero sin descuidar su esencia basal”, agregó.

Toscano, Prina y Raduzky (fuente Tucumán Zeta)

De acuerdo al relato del “Negro” Prina, la experiencia vivida en La verdadera historia de Antonio fue muy significativa y simbólica por dos razones. Una, por las transformaciones personales como actor y, la otra, porque marcó un antecedente grupal que se sostuvo en el tiempo y lo volvieron a unir a Toscano para desarrollar los dos proyectos más que trascendieron en la escena local, nacional e internacional, pero desde la pantalla grande: Los dueños y El motoarrebatador.

The owners

Los dueños fue nuestra primera experiencia “pro” en el ámbito del cine y el rodaje fue una praxis de permanente confrontación de ideas y propuestas, entre los ensayos y los imprevistos que surgen en el set. Confiamos mucho en esa comunión de ideas y fue un gran aprendizaje para todos. Ellos (Toscano y Raduzky) defendieron -y pulieron a la vez- su forma de contar y filmar y yo mi forma de actuar frente a una cámara. Laburar con Rosario Bléfari y Germán De Silva también me pareció increíble, muy enriquecedor. Creo que se trata de un proyecto que quiero mucho también porque está lleno de matices y me encanta cómo fue filmada. Implicó mucha espera, cabeza, ensayo y había mucho deseo de parte de todos y todas por hacerla”, dijo.

El moto

El motoarrebatador fue una experiencia alucinante para mí. Por otro lado, creo que el Boby encaró la película de un modo bastante diferente que a Los dueños y, a su vez, a nosotros también nos llegó de otra manera. Para “el moto”, Boby ya se había ido a vivir a Buenos Aires, razón por la que ensayamos mucho menos y la pre-producción fue más corta también. Digamos que fue una experiencia mucho más parecida al cine como suele ser. De todos modos tratamos de tener una comunicación fluida. La Lili y yo tenemos una carrera recorrida conjuntamente y creo que eso también sumó puntos a favor. Boby tenía muy claro cómo quería que se vea la película, razón por la que se mantuvo firme con muchas decisiones estéticas que tomó. También creo que la construcción de personajes grises es algo bastante característico de Boby, es decir, que construye personajes multifacéticos, que van en detrimento de las figuras del héroe y antihéroe. Esa mirada y modo reduccionista de entender el mundo está ligada a un prejuicio instalado y sembrado por una gran parte del cine. Cada una de las personas que habitamos el mundo tenemos defectos y virtudes dispuestas en distintas medidas y se interpretarán de un modo u otro dependiendo de la perspectiva con que se mire. Todos tenemos cosas para ocultar, no sólo un ladrón, y nos reinventamos ante un o una desconocida. Desde esa mirada traté de pensar en un personaje más humano y abandonar la mirada burguesa que indica que si sos chorro, entonces sos malo”, reflexionó.

Camino propio

“Entre Los dueños y “el moto” me surgió el deseo en incurrir en la docencia. Empezaron a aparecer muchos cursos de actuación para cine y mi experiencia de actuación en ese ámbito me resulta indisociable del teatro, posiblemente por toda mi experiencia en él. A partir de esa idea, desarrollé un espacio de aprendizaje llamado Actuaciones en el que los y las participantes detecten un modo -o los modos-, de actuar ante un determinado proyecto que, dependiendo de su naturaleza, tomará un camino entre miles. En el marco de ese taller surgió, como proyecto final, la obra Que pase algo… (Título en proceso), que es la segunda obra que dirijo, y mezcla distintos tonos de actuación, improvisaciones y grados de expresividad. Con esta obra ganamos la Fiesta Provincial de Teatro el año pasado y participamos de la Fiesta Nacional este año y aún hacemos giras por el país.

El elenco de “Que pase algo… (Título en proceso)”, segunda obra dirigida por Prina.

A finales de 2017, Prina actuó en Sangre Blanca, largometraje de Barbara Sarsola Day y actualmente está en etapa de post-producción de su próximo proyecto La Botera de Sabrina Blanco.

“Se vienen algunos trabajos para noviembre y diciembre, un estreno en septiembre y varios proyectos para el año que viene. Los premios, las felicitaciones y el reconocimiento son hermosos, muy gratificantes para mí y estoy muy agradecido. Ojalá se repliquen en más trabajo porque, ante todo, mi mayor deseo es vivir de esto, que el cine y el teatro sean mi trabajo”.

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