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Dañar a personas que piensan distinto

El 3 de mayo de este año un grupo de jóvenes neonazis fue condenado a 9 años de prisión por hechos violentos perpetrados durante los años 2014 y 2015. Desde La Nota, dialogamos con Javier Moreno Iglesias, militante de AMADI, por los derechos de la comunidad LGBT y miembro de la Asamblea Acción Antifascista de Mar del Plata.


El 3 de mayo de este año, en Mar del Plata, tuvo lugar una condena sin precedentes en nuestro país. Un grupo de jóvenes neonazis fue condenado a 9 años de prisión por hechos violentos perpetrados durante los años 2014 y 2015.

El fascismo es conceptualizado como una doctrina política nacionalista, racista y totalitaria. Esta doctrina fue impulsada en Alemania por Adolf Hitler (1889-1945) después de la Primera Guerra Mundial, período en el que argumentando defender el poder absoluto del Estado, la superioridad y la supremacía del pueblo germano frente a los demás pueblos de Europa, persiguieron, torturaron y asesinaron a 6.000.000 de judíos, 500.000 gitanos, 1.000.000 homosexuales, entre otros grupos perseguidos. En total, el nazismo dio muerte alrededor de 11 millones de personas, y otros millones murieron durante la guerra en la que se logró poner fin al régimen.

Los brotes de esta ideología acechan en distintas latitudes. Desde La Nota, dialogamos con Javier Moreno Iglesias, militante de AMADI, por los derechos de la comunidad LGBT y miembro de la Asamblea Acción Antifascista de Mar del Plata, sobre lo que significó esta condena y cómo llegaron hasta acá.

Desde la Asamblea denuncian la existencia de grupos fascistas en Mendoza, en Paraná, en Hurlingham, Córdoba, y dentro de la ciudad de Buenos Aires en el barrio de Caballito. La realidad habla, pero a veces cuesta escucharla.

¿Cómo comenzó este proceso? ¿Quiénes son los condenados?

Existen dos subgrupos, uno era Bandera Negra, en donde estaban los que habían sido integrantes de la juventud del Foro Nacional Patriótico (FONAPA), que es un partido político que se presentó a elecciones, cuyo líder es Carlos Gustavo Papillón. De hecho, Alan Olea, líder de Bandera Negra, es el yerno de Papillón.

Otro de los miembros de este grupo, Gonzalo Paniagua, contó que ellos eran fascistas y que el objetivo de su grupo era constituirse como un partido político. Paniagua trabajaba en la base naval,  hablaba varios idiomas, y tenía charlas con fascista de Grecia y Barcelona. En esos diálogos el pide asesoramiento y dinero, aunque no consta que los haya recibido. Bandera Negra estuvo en varias acciones, fueron a defender iglesias de manifestaciones. Se adjudicaron el escrache a una sede de la comunidad boliviana en donde escribieron en la pared “Fuera Bolivia de Salta”.

Después está otro subgrupo, que tiene fotos y videos pintando esvásticas en la calle.  Fotos de ellos con tatuajes haciendo el saludo nazi. Este grupo no tenía nombre, a diferencia del grupo Bandera Negra, no entrenaba físicamente.

En Bandera Negra entrenaban físicamente, dos de ellos son patovicas, uno de ellos policía local. Es decir, no es una boludes, y nunca lo fue. Muchas personas lo tomaron a la ligera. Por eso la sentencia cobra sentido, porque a nivel social se reconoce la existencia de estos grupos. Fue noticia a nivel nacional, y esto si es importante.

¿Cómo se movieron como organización para llevar adelante este proceso? Se sabe que no todas las agrupaciones de diversidad pueden denunciar y continuar con el proceso legal ante cada hecho de violencia.

Al principio estábamos bastante solos en esto. La mayoría de los hechos son del 2014 y 2015. En el 2014  hicimos una reunión que nos salió bien, podría haber salido mal. Éramos Amadi y Acción Antifascista. Logramos sacar las denuncias de Facebook, unirnos y dar un marco institucional.

Cuando nos enterábamos de alguna situación de violencia, acompañábamos a las personas a hacer la denuncia en la dirección de Derechos Humanos. Quien entonces era director nos ayudó mucho. Nos brindó material de la denuncia, con eso empezamos a construir un informe bastante completo, y a publicar por Facebook los hechos con los nombres de los agresores. Ahí conseguimos las primeras notas en medios digitales.

Luego de esto, junto con Ateos Mar del Plata, con la Alameda, con colectivos artísticos, partido humanista, Nuevo Encuentro, el PTS se sumó al principio, luego se fueron. Con todos ellos hicimos La Asamblea por una Sociedad sin Fascismo. Desde esa articulación, teniendo nombre y bandera, fuimos  a una plaza, intervenimos las esvásticas que estaban pintadas y adquirimos visibilidad.

En el 2015 terminamos el informe. La mayoría de los hechos son del 2015, ahí consta el ataque a grupos de mujeres que participaban del Encuentro Nacional de Mujeres que se realizaba en Mar del Plata ese año. El ataque a un compañero de AMADI, Juan Martín Navarro, quien fue gravemente herido por estos grupos con palos de pvc rellenos de cemento, ataques reiterados a mujeres trans, amenazas y escraches con esvásticas en diferentes lugares.

Luego del informe, la DAIA, Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas, nos propone ser parte del proceso. La verdad es que a pesar de todas las reservas con la DAIA no se discutió su participación, también se sumó César Sivo, abogado en causas de delitos de lesa humanidad. Fue un trabajo arduo conseguir que todas las denuncias se agruparan en una sola causa, y que se entienda que fueron todos hechos de un mismo grupo.

El último hecho de violencia fue el del bar. En la pared del bar donde trabajo escribieron “judío puto” y también rompieron vidrios. Hubo hechos más graves, pero este tomó mucha visibilidad.  El concejo deliberante hizo una sesión especial para repudiar estos actos, nos llamaron del Inadi, la Procuradora General de Justicia Gils Carbó nombró una comisión de fiscales extra para investigar los hechos. Se acercaron desde todos lados, y nos llamaron medios de Latinoamérica y España.

¿Cómo fue vivir en Mar del Plata en el tiempo en el que estos grupos estaban sueltos?

Hubo un tiempo en el que no podía caminar seguro por la calle, estuve más de un mes con un policía vestido de civil en la puerta de mi casa. Cuando me iba tenía que avisar. Porque había un riesgo real de que me hicieran un daño físico.

No fui la única persona con custodia, había 2 personas más.  Este último tiempo yo no estuve con miedo a que me pasara algo, entendía que como estábamos en un proceso judicial, se cuidarían en no hacerme nada, porque empeorarían la causa.

Pero hay otras personas, que son de ir a recitales, juntarse con grupos amigos en las plazas, y ellos si corrían peligro. Porque estos grupos salían de noche, buscaban los eventos en donde sabían que tocaban bandas antifascistas. Las personas trans trabajadoras sexuales también, porque estaban todas las noches en las mismas cuadras y un subgrupo de estos pibes deambulaba por la zona con un palo, caminando, alcoholizados y quizás con otras cosas. Los veíamos todo el tiempo, porque con AMADI íbamos a repartir preservativos.

¿Qué te genera saber que estas personas van a estar en la cárcel?

Tengo mis contradicciones,  con respecto a esta idea de que la cárcel puede cumplir la función de reinserción social. Creo que no es así. Mas en el caso de este tipo de crímenes que tienen que ver con una ideología y no con una vulnerabilidad social, la ideología no se va con la cárcel.

En las redes sociales y portales de noticias nos encontramos con comentarios repudiables. Muchas personas caían en esto de  festejar diciendo “ahora los van a violar”,  mucho de ellos militantes y personas que estuvieron cercanas a todo este proceso de juicio. Desde los militantes de la diversidad tenemos claro que esto de usar la violación como correctivo no es algo que podamos querer que le pase a nadie, de ninguna manera.

Creo que lo que va pasar con ellos en la cárcel es que se van a hacer amigos de las personas del servicio penitenciario, porque hay una afinidad ideológica. Van a ser los más capos de ese lugar, aunque también van a estar rodeados de genocidas.

Lo malo de la cárcel es que van a radicalizar sus posturas, quizás tengan buenos vínculos, van a poder hacer nuevas relaciones con agrupaciones que reivindican lo que ellos hicieron. De todos modos, si ellos salían libres del juicio, iba a ser algo trágico.  La condena a estos grupos cumple una función social.

¿Cómo pensás que están aquellas personas que de un modo u otro están de acuerdo con las posturas fascistas?

Yo creo que ahora van a estar muy guardados. Todavía hay personas que no fueron juzgadas, no se tuvieron suficientes pruebas para involucrarlos hasta 2015. A nivel judicial, si apelan la condena, nosotros tenemos muchas más pruebas para presentar.

Esto último que pasó, de la docente neonazi de Castelar, lo activamos desde la Asamblea de Acción Antifascista. De hecho los medios pusieron que la docente era de Mar del Plata, y no, enseñaba y vive en Castelar. Desde la asamblea se la encontró porque hacía comentarios defendiendo a los acusados de Bandera Negra, y vimos que en sus redes había muchos contenidos fascistas. Como te decía, esta gente se va a cuidar, pero en algún momento también creo que van a resurgir.

¿Crees que estos grupos tienen alguna función en el juego político de cara a elecciones?

Ellos no, pero sí su líder, Carlos Papillón. En las últimas elecciones este llamó públicamente a votar al actual intendente de Mar del Plata, y si bien se desliga del accionar de los grupos violentos, el vínculo que tiene con ellos es evidente. El objetivo de estas personas obtener personería jurídica y conformar un partido.

Una vez me encontré con uno de ellos en la calle, y se puso a hablar conmigo. Yo quería desaparecer de ahí, estaba vestido como un fascista de la década del 30, con botas y ropa de ese color negro verdoso. En ese dialogo él me decía que era conservador, que no tenía nada en particular contra los gays, pero que odiaban a los antifascistas y le iban a dar con toda.  Ahí también me comentó que ellos habían hablado con una ONG que lucha contra la violencia de género y la trata de personas, ofreciéndoles buscar y dar palizas a los hombres que violenten a las mujeres.  Obviamente le dijeron que no, pero él lo veía como algo bueno, como un aporte a la sociedad. Sus objetivos era “hacer un bien” a través de este criterio de “limpieza social”, uno no se lo imaginaba como posible, pero estas cosas existen.


Lamentablemente, ni la violencia de unos contra otros, ni las ideas totalitarias fueron una novedad durante el siglo XX, pero si fueron nota particular la construcción fina y compleja de un entramado ideológico y estatal para el exterminio sistemático de todos aquellos que fueran identificados como enemigo, como “los otros”.  El nazismo marcó un punto de inflexión en la historia del Siglo XX en occidente, y su conceptualización contribuyó a repensar distintos momentos de la historia a partir de conceptos como delitos contra la humanidad.

A dos años de cumplir la segunda década del siglo XXI podemos ver resurgir grupos neonazis en distintas latitudes del mundo. La ideología que busca dañar a aquellos que piensan diferente siempre promueve la violencia, esa violencia que parece estar siempre al alcance de la mano, como el hecho ocurrido el día de ayer en nuestra provincia. Un hombre pasó su taxi por encima de una mujer del Frente de Trabajadores del Interior que se encontraba  ejerciendo su derecho a protesta y pidiendo alimentos para su familia y vecinos.

El fascismo está a la vuelta de la esquina, quizás sea porque tiene  ese aspecto que la filósofa Hannah Arendt trabajó cuando entrevistó a Adolf Eichaman, esa banalidad del mal. La violencia está entre nosotros y resulta necesario parar, pensar, organizarnos y decir que no, repetirnos que no podemos dañar, ni mucho menos dar muerte a las personas que piensen distinto.

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