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Cuerpo y debate, la visibilidad de la Marcha del Orgullo

Foto de Matilde Terán

La Marcha del Orgullo abrió sendos debates hacia afuera y dentro de la comunidad LGBTIQ de Tucumán. En esta nota, diferentes personas reflexionan sobre “el monte”, la producción de los cuerpos para marchar con los reclamos a flor de piel.

La Marcha del Orgullo en Tucumán se realizó el pasado sábado 7 de diciembre. Año a año este evento crece en participación y, junto a ello, se incrementa la cantidad de producción para marchar.  “El monte” se ha vuelto un factor elemental para este día. Esto es la producción de los cuerpos para marchar.

Brillantina, purpurina, pinturas, poca o escasa ropa y mucha creatividad recorren las calles del centro de la provincia en el marco de una protesta plagada de reclamos, como el de cupo laboral para personas trans, la salud de las personas que viven con VIH, la educación sexual integral y otras tantas de vital importancia para la sociedad. Como pasa en distintos lugares del mundo, el cuerpo y los modos de visibilidad generan debate en la sociedad en general, y también al interior de la comunidad de gays, lesbianas, bisexuales, trans, no binaries e intersexuales.

¿Por qué marchar así? ¿Qué razones encuentra una persona para vincular baile y maquillaje con protesta y reclamos por reconocimiento de derechos? ¿Por qué molesta la desnudes de los cuerpos? Estos y algunos otros interrogantes fueron desplegados en un diálogo con diferentes personas que participaron de la marcha el pasado sábado.

Claudinna Rukone: “Nos reivindicamos a través de poner nuestros cuerpos”

Creo que para muchas personas el  qué me pongo ha sido un condicionante muy grande a la hora de atravesar la sociedad, el de ser reconocide y aceptade dentro de ella. Durante muchas décadas tuvimos que usar camuflaje para evitar violencia. El momento de la marcha es el momento en el que, de forma inconsciente, la gente explota su deseo de ser. A través del cómo se ve, de cómo se siente, de cómo se relaciona, en un espacio como es el centro de la ciudad, donde transita un montón de gente que por lo general suele ser la que te señala con el dedo, la que decide qué debes ser y cómo debes comportarte.

Foto de Florencia Lencina

Lo mismo pasa  con el cuerpo trans. La manifestación del cuerpo desnudo, el desatape, ante una sociedad que todo el tiempo construye nuestra invisibilidad se da durante la marcha. Nos reivindicamos a través de poner nuestros cuerpos. Esto se da en un contexto de cuidado acompañamiento y de contención por el colectivo que marcha al lado tuyo, es  quizás el único momento del año que salimos a las calles siendo quien realmente somos, sin miedo.

No me sorprende que haya gente que no pueda ver esto. Es la misma gente que por lo general no participa de la marcha porque siente que no la representa, y no la representa porque todavía vive con la necesidad de estar invisibles ante una sociedad que oprime. Esta gente necesita criticar, y lamento mucho que necesiten hacerlo, aun siendo parte del colectivo, creo que incluso los que critican  deben haber sufrido mucho la discriminación.

Salustiano Zavalía: “La visibilidad llevada al extremo, tiene que ver con la urgencia de la visibilidad”

Marchar montado es la manera más políticamente incorrecta, de responder a esa mirada conservadora.  Las señoras conservadoras muchas veces dicen “No tenemos problemas con los gays, pero que no hagan apología tampoco”. Y uno entiende que se refieren con el mismo término al consumo de sustancias, a  los delitos, a cosas relacionadas con algo negativo. Y nos han puesto tanto tiempo en ese lugar, que entonces no queda otra que finalmente responder saliendo de esa manera.

Foto de Matilde Terán

Hay un sector de nuestro colectivo, el trans, contra las que se comenten crímenes de lesa humanidad, como dice Marlene Wayar. Son crímenes sistemáticos sobre el cual todavía no acciona el Estado.

Si sufrimos estos crímenes de  odio, hay algo de lo urgente que nos hace visibilizarnos más allá de lo que sería una marcha cualquiera. Necesitamos que nuestras tías, que alguna quizás nos ven desde las ventanas de su departamento, vea y comprenda como explota esta urgencia.

Y también me parece que el monte aparece porque el colectivo LGTB es un colectivo que está profundamente relacionado con lo escénico, con lo teatral, porque es un lenguaje que muchas disidencias eligieron:  la celebración de la pluma, el taco y el brillo. Nuestra revolución también empezó ahí, en las comparsas en los teatros, en esos lugares donde pudimos habitar.

El monte es un grito súper potente. Es una celebración de lo que somos. Marchar montado es estirar el elástico del orgullo y llevarlo hacia ese lugar de celebración absoluta.

Guido Guerrero: “El día de la marcha es un día en el que les protagonistas somos todes”

Mi monte, como le decimos los transformitas o las travestis al óutfit (como dicen las chetas), no fue muy pensado este año. Si sabía que quería usar estas botas que me regaló un amigo, Pato Rivero, que es un fotógrafo muy talentoso. Hace muchos años la compró en Buenos Aires y me la regaló para mi personaje “la Vanesa”.  En un momento pensé en ir a la marcha con ese personaje. Pero también tenía ganas de que en un día tan importante esté mi cara ahí, en primera persona. Quería ser yo pero con un toque  más de putez. Por eso me puse un short de lentejuelas, la idea era poder brillar y acercar el brillo a todas las personas que pudieran ver. Y eso lo pienso no por una cuestión de ego, porque el día de la marcha es un día en el que les protagonistas somos  todes.

Foto de Matilde Terán

Para mis aquellos que critican desconocen nuestra historia. Si entendemos que durante décadas hemos sido la escoria de la sociedad, que estuvimos invisibilizados, si uno puede salirse de su propia historia puede entender el odio y la violencia que vivieron muchas personas.

En esta marcha nos reunimos todes, para reclamar los derechos que faltan y para celebrar lo conquistado. Y esta manera de expresarnos es potente, hasta diría “bestial”, y tiene que ver con todo lo que no se mostró durante muchos años. Entonces ahí te sacas la remera, te pones un short más corto, con el fin de reivindicarte. Yo no ando en tacos por la vida, pero ese día sí me parece importante porque es poder generar conciencia, y si es necesario el debate, con tal de poder construir una nueva mirada de la disidencia.  Antes estábamos ocultas debajo de la alfombra, ahora la alfombra la movemos nosotres.

Adrian “Pipo” Albano: “Esta idea de cuerpo poético que milita, que atrae, que concilia, que libera, que deconstruye, que facilita es la que me interesa”

Hace tiempo que me interpelo la dicotomía que algunes militantes, y no militantes también, construyen sobre las consignas y los métodos para decirlas, como si el cuerpo fuera ajeno para decir sin hablar o escribir.

Yo milito el cuerpo performático.  En la perfo el cuerpo, las cuerpas son el soporte y medio para la creación.

Las performances utilizan todos los canales perceptivos, a veces en forma simultánea y otras de manera alternativa. La ropa es un recurso. Una pollera gigante color verde abortero que flota en las calles, con Evas y banderines diversos,  una cola de caballo violeta coronada de flores de las manos de mi querida Jamaica, una remera red amarilla que muestra pero no, todos elementos que viven aún hoy en los recuerdos de quienes estuvieron allí. Recuerdos coloridos, intensos. Un cuerpo que baila la revolución con todes y para todes. Una danza inasible y efímera en su esencia, cargada de sentido solo por el contexto.

Esta idea de cuerpo poético que milita, que atrae, que concilia, que libera, que deconstruye, que facilita es la que me interesa. Creo que se ha dicho mucho, la palabra es dialéctica y el cuerpo  conciliador. En la América Latina actual, son los cuerpos de las cholas, de los jóvenes, de las mujeres, de los pobres, de los nadies, los que hacen la revolución. Una lucha donde el verbo es el cuerpo a disposición del otro.

Flor Cazzu: “La marcha del orgullo es un día dedicado a nosotres y tenemos que poner el cuerpo en la calle de todas las formas que se nos ocurran”

Yo marcho porque siento la necesidad de salir a la calle a luchar. La marcha del orgullo es un día dedicado a nosotres y tenemos que  poner el cuerpo en la calle, poner el cuerpo de todas las formas que se nos ocurran.

Participo a través de la música, como DJ desde hace tres años, con compañeres que me dio la militancia. Estos últimos años fueron los que más sentí la necesidad de expresarme, y finalmente en esta marcha fue la primera vez que me monté. Siento que me permití algo más, en lo profundamente personal y político posible. Entiendo que la marcha nunca deja de ser una protesta, una marcha por todas las que ya no están víctimas de la violencia, de la heterónoma y el patriarcado. Pero también es un día de orgullo, de hacernos ver. De decir “aquí estoy, estoy brillosa, soy esto, soy lo que quiero ser”. Marcho por mí, por quienes ya no están y para que no falte ni una persona más.

Superar el escándalo moral

El escándalo moral que genera la desnudes de algunos cuerpos siempre puede ser excusa para la reflexión. A veces la molestia es tan genuina que no podemos evitar sentirla, pero sí podemos preguntarnos e indagar en por qué nos molestan ciertas cosas en particular y no otras. Podemos pensar entonces  que lo que molesta de la Marcha del Orgullo no es solo el monte, sino la visibilidad de otros cuerpos, de otros modos de vivir la sexualidad y el género, es decir, el mensaje que el monte lleva, y que seguramente no sería escuchado si la marcha transcurriera como cualquier otra.

En las mismas calles por la circuló la Marcha del Orgullo, por ejemplo,  pueden verse gráficas de cuerpos con el mismo porcentaje de desnudes, pero expuestos con la finalidad de vender un ideal de belleza, por cierto inalcanzable e irreal. Las revistas, los locales comerciales y todo el marketing nos obliga a ver cuerpos, desprovistos de contexto, de política y aparentemente de violencia.

¿Qué diría la historia de  nuestros cuerpos si pudiéramos escribir cada uno un libro sobre nosotros? La biografía del cuerpo, del  de cada uno, tiene sobre sí innumerables rastros de violencia, de prohibiciones, de restricciones absurdas y de construcciones morales conservadoras. Poder pensarlas e intentar superar para enviar un mensaje político a la sociedad de la época es, quizás, una de las pocas constantes de la comunidad LGBTI.

La marcha pasó en un par de horas, pero los reclamos siguen en las calles, la violencia sobre ciertos cuerpos también sigue allí, y la posibilidad de interiorizarnos y reclamar del modo en el que cada persona crea indicado, también está allí afuera o al alcance de un click. Superar el escándalo moral es una necesidad para encontrar respuesta efectiva a la violencia, a la desinformación y al desamparo en el que hemos dejado a miles de personas por su orientación sexual o identidad de género.

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