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Economía

Cambiemos | Deuda, ajustes y recesión

Para comprender la situación coyuntural de Argentina es necesario remitirse a la crisis cambiaria, el acuerdo con el FMI,  la inflación y el panorama financiero internacional, entre tantos otros factores. Desde La Nota dialogamos con el economista y docente de la UNT, Sebastián Mena, para abordar una lectura global sobre la gestión de Cambiemos, un panorama posible para el próximo año y estrategias para sobrevivir a la crisis sin morir en el intento.

Implicancias alrededor de los acuerdos con el FMI

Es interesante remarcar que se firmaron dos acuerdos con el Fondo Monetario Internacional en menos de un año y es record para la Argentina, en términos de montos, plazos y flexibilidades en materia de gestión que ofrecen. La línea de crédito Stand by  equivale a todos los préstamos que se adquirieron en la década del ochenta.

El primer crédito fue de U$S50 mil millones de dólares, de los cuales U$S15 mil se usaron para contener la segunda corrida cambiaria que hubo. Luego, se sumaron al préstamo U$S7.500 más y se cambiaron los plazos en que llegarían las divisas. Lo que se iba a entregar en distintas fechas y años, se concentró para ser entregado entre 2018 y 2019, asegurando que el dinero llegará entre los márgenes de la gestión de Cambiemos.

El último préstamo los dejó más robustos financieramente para pagar las deudas y vencimientos de 2019, que son U$S80 mil millones. Este monto es mayor que todas las reservas y que el préstamo del FMI que se vence el año que viene. Esto significa que consiguieron los fondos suficientes para financiar su esquema de pagos, tranquilos y a una tasa de interés más baja que la que cobra el mercado (que cobraba entre el 6 y el 8 % y el FMI presta a un 3,54%, 4,5%). Entonces, al ser un préstamo en Stand By, significa que el dinero está en las arcas del FMI y se irá usando en la medida que se requiera, es decir que sólo se pagan intereses si se necesita extraer dinero.

Cuando se colocan bonos, se pagan intereses obligados, con el modo Stand by no. En términos financieros, el acuerdo es conveniente; permite cambiar deuda mala por deuda buena y es más flexible, pero el problema está en por qué el gobierno llegó a pedirle al FMI ese dinero. Cuando el mercado financiero no quiere prestar dinero, se traduce en un síntoma de que algo anda bastante mal. A cambio de entregar el dinero, aparecen una serie de exigencias y restricciones que condicionan y aprietan, estableciendo una relación de dependencia que evidencia, y pone de manifiesto, las asimetrías de poder, en este caso entre el FMI y la economía argentina.

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Foto: Martín Kraut para Revista Anfibia.

“Mitos y verdades sobre la “pesada herencia”, entrevista a Sebastián Mena en La Nota.

Cambiemos en marcha

“La eliminación del requisito de estancia mínima de capitales en Argentina, autorizada por Dujovne en 2017, se traduce a la posibilidad de que alguien puede poner x cantidad de dólares un día y al siguiente llevárselos. (…) Ante cualquier sospecha de que el esquema no funcionará más, los inversionistas retiran inmediatamente sus dólares. Esta situación dejó muy vulnerable al país para que suceda lo que pasó este año”.

Esta gestión, desde el comienzo, implicó nuestra “vuelta a los mercados” financieros, que se tradujo en tomar nueva deuda para pagar los fondos buitres y pedir nueva plata, puesto que se apoyó fuertemente en la deuda para administrar el déficit y tratar de hacer una transición gradual; bajar de a poco el déficit que no haya un shock en la economía como el que vivimos ahora financiado con deuda externa. Ese esquema podría haber funcionado si se lograba, por un lado, controlar la inflación y, por otro, fomentar clima de negocios, emprendimientos y crecimiento; dos cosas que no sucedieron.

Personalmente creo que no hubo un buen diagnóstico de cómo funciona la inflación en Argentina, trataron de implementar un esquema de meta inflación, basado en el manejo de la tasa de interés. Esto es lo que se hace en todo el mundo, pero con los conflictos institucionales del país y por la historia de tanto tiempo de inflación y la desconfianza en el peso, era muy difícil que funcione. Este esquema monetario, combinado con un exceso de optimismo en el funcionamiento de los mercados, mostró el sesgo ideológico del gobierno de Cambiemos que creyó que tan sólo poniendo reglas claras, todo lo demás se va a ordenar solo y que llegarían las lluvias de inversiones.

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Foto: Martín Kraut para Revista Anfibia.

Políticas solapadas

Las fotos con Trump y Lagarde, ir al foro anual de Davos, y ser amigos de la clase empresaria mostraron no ser suficientes argumentos para atraer inversiones. Este desacierto político, sumado a una apertura financiera mal administrada solo fomentó el ingreso de capitales especulativos y a corto plazo. Una medida que fomentó esto, creo yo, fue la eliminación del requisito de estancia mínima de capitales en Argentina, autorizada por Dujovne en 2017. Esto se traduce a la posibilidad de que alguien puede poner x cantidad de dólares un día y al siguiente llevárselos. El ejemplo claro fue la compra de LEBACs combinada con contratos de dólar futuro que asegura una ganancia -en dólares- en una bicicleta financiera. La fragilidad de esto está en que ante cualquier sospecha de que el esquema no funcionará más, los inversionistas retiran inmediatamente sus dólares. Esta situación dejó muy vulnerable al país para que suceda lo que pasó este año.

“Lo que estamos sufriendo nosotros es una crisis de balanza de pagos, derivada en crisis cambiara que ya está teniendo efectos de crisis económica. Aún no hemos superado ninguna de ellas”.

Crisis Cambiaria y mercados financieros fluctuantes

Cuando hubo una revisión de expectativas a principios de 2018 y se observaron inconsistencias entre la cantidad de deuda que había tomado el gobierno y los déficit fiscal y externo vigentes. A su vez, bajas expectativas de crecimiento y la percepción de problemas de gobernabilidad (que se vivió por cuestiones políticas internas), asustaron a los inversores quienes inmediatamente se fueron del país y nos pusieron patas arriba. En este sentido, creo que el tercer gran error de Cambiemos fue un exceso de optimismo con el comportamiento de los flujos de capitales internacionales de corto plazo. Esta situación es hasta desaggiornada si se quiere, es una apertura liberal financiera que no la recomienda ni el FMI. Habría que analizar por qué lo hicieron, pero me imagino que se trata de un desmedido optimismo de generar menos restricciones con la idea de que así más inversores se acercarían. La lógica sería algo así como “si podés irte cuando quieras, entonces no tenés razones para no venir”. La crisis Tequila del 94, la Asiática del 98 y la misma crisis Subprime del 2008, son ejemplos dolorosos que nos enseñaron mucho sobre el comportamiento de de los flujos de capitales y los peligros que puede traer una reversión repentina de estos flujos; dejan de entrar nuevos flujos y por el contrario se van, entonces, cuando se empieza a correr el rumor de que Argentina va a estar mal, los inversores se van y rompen los esquemas planeados y es lo que le pasé al gobierno de Macri.

“El problema esencial surge de una inconsistencia entre el déficit comercial, la deuda del gobierno y el ingreso de capitales con pocos controles y exigencias. (…) La coyuntura internacional no es determinante en lo que sucedió aquí”.

La crisis cambiaria que vivimos actualmente entra dentro de las llamadas “de segunda generación” y su historia es la misma siempre. Por ejemplo, el premio nobel Paul Krugman, plantea el caso típico que una economía determinada un buen día se vuelve la favorita de los mercados financieros del mundo. Las razones pueden ser muy diversas y triviales como “ser amigo de los mercados financieros” o porque se descubrió algún activo valioso como “vaca muerta” entonces es una buena promesa. A este país le empiezan a prestar plata, y consecuentemente la moneda local se empieza a apreciar ante la entrada y oferta de dólares. Este fortalecimiento de la moneda local lleva a un consecuente aumento del gasto, de las importaciones e inversiones y a la aparición de déficits que prometen ser repagados una vez que las inversiones rindan sus frutos. Esto es así hasta que, por otra razón, igual de azarosa que la primera, esta economía deja de ser atractiva para los inversionistas y se van, de un día para el otro, dejando a esa economía en fortalecimiento en la ruina, porque necesitaba que sigan entrando capitales para pagarle a quien te había prestado y así continuar la cadena de pagos. Esta situación puede transformarse en una crisis de balance de pagos; dado que el tipo de cambio estaba alto y se compraron cosas en el exterior que no se pueden pagar y aparecen las crisis de deuda, lo que finalmente se transforma en una crisis económica, que implica recesión y desempleo, o incluso en una crisis financiera donde el crédito desaparece y los bancos pueden empezar a quebrar. Esta cadena no es excluyente ni es obligatorio que suceda así, pero suelen aparecer al menos algunas de ellas. Lo que estamos sufriendo nosotros es una crisis de balanza de pagos, derivada en crisis cambiara que ya está teniendo efectos de crisis económica. Aún no hemos superado ninguna de ellas.

Contexto internacional

El conflicto político comercial entre Estados Unidos y China ayuda a que se destape la olla y se reviertan los flujos desde aquí, pero el problema esencial surge de una inconsistencia entre el déficit comercial, la deuda del gobierno y el ingreso de capitales con pocos controles y exigencias. Esta es la verdadera inconsistencia que hizo que las inversiones se retiren. Las tasas de interés de EEUU, además, fueron subiendo de a poco y eso impulsó más aún el retiro de capitales. Sin embargo, el aumento de tasas no fue ninguna novedad, pues EEUU avisa con mucha anticipación cuál será su esquema futuro de tasas de interés. La guerra comercial con China también era anunciada por Trump desde sus campaña y eso inevitablemente generaría fricciones y lo que conduce a que, eventualmente, dejen de ser tan atractivos los mercados emergentes como querían que fuera el argentino y culmina en la reversión de flujos que es lo que está pasando ahora: las inversiones se van de Argentina, Turquía, Sudáfrica y Rusia y vuelven a los lugares más seguros, donde hay menos riesgos e intereses más altos. De todos modos, la coyuntura internacional no es determinante en lo que sucedió aquí, insisto, la inconsistencia de la economía local sí lo fue. Es muy riesgoso y hasta irresponsable no haber contemplado la posibilidad de este escenario.

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Foto: Martín Kraut para Revista Anfibia.

Argentina sigue sin lograr insertarse inteligentemente al mundo armando una estructura apta para captar esos flujos y canalizarlos en el tipo de inversiones que queremos y que son necesarias para el país. Seguimos oscilando desde una economía cerrada con “cepo” y restricciones a las importaciones a una economía abierta y temeraria que nos deja muy vulnerables. Nuestro desafío institucional, como el de cualquier economía emergente, es cómo lograr una inserción en los mercados globales que permita el desarrollo inclusivo y sostenible.

Nuevas políticas monetarias: bandas de intervención flotantes para controlar la inflación

“Si todos los días se van sacando U$S150 millones y los van cambiando por pesos, irán quitando pesos a la economía y como no vuelven a entrar por ningún lado, en algún momento esa demanda tiene que frenar”.

El nuevo acuerdo con el FMI viene con una serie de restricciones en materia monetaria de cómo se deberá manejar el Banco Central en una negociación conjunta con el gobierno. Argentina tienen mucha inflación y hay una gran desconfianza de parte de los mercados internacionales en el peso (desde fines del siglo XIX hubo 27 devaluaciones de moneda), hicimos default 8 veces. Esta desconfianza es hasta de los propios argentinos. Entonces, en un clima agitado, el gobierno debería hacer algo para que baje la inflación y al mismo tiempo lograr que el peso siga funcionando como moneda (muchos contratos, por ejemplo, se están haciendo en dólares). Las reglas vienen a contener la parte inflacionaria y monetaria, que están entrelazadas, entonces, el banco central va a fijar bandas de no intervención. Es decir, el dólar, por ejemplo, está a cuarenta pesos y es porque una determinada cantidad de personas quiere comprar dólares y otra vender, de manera que se genera un acuerdo implícito en el que cuarenta es el precio en el que están dispuestos a negociar (ley de oferta y demanda). Si más gente quiere vender y menos comprar, el precio empieza a bajar, si pasa al revés, el precio empieza a subir. Si los valores quedan dentro de la banda dispuesta, sigue todo bien, pero si se produce una variación desmedida para arriba o abajo, el Banco Central intervendrá. Las bandas de intervención iniciaron en una banda superior de $44 e inferior de $34 pero se irán ajustando un 3% cada mes (es decir estarán en $48 y $37 en Diciembre). Cuando el precio esté por arriba de la banda superior el banco complementará la oferta con U$S150 millones y si están por debajo, el banco comprará todo lo necesario para que el precio no baje. Es decir, un agente compensador.

“Lo que el gobierno gastará en educación, sueldos, salud, jubilaciones, obra pública, infraestructura, va a caer pero se van a tener que pagar intereses de la deuda, que son muchos. Esto generará una intensa recesión, dado que la disminución del gasto implica  más 2% del PBI, casi equivalente a lo que deberemos pagar en intereses de deuda”.

¿Cuál es el objetivo de esta intervención?

Que combinadas con reglas de políticas monetarias muy estrictas de no emitir ni un peso más, eventualmente dejará sin pesos a la economía para que baje la inflación e ir controlando así la sed -y miedo- por dólares y dejándolo contenido en un sendero medio, predecible de fluctuación que de lo contrario puede ser muy amplio. Ahora, cabe la pregunta: ¿qué pasa si esta medida no es suficiente para controlar la demanda de más de U$S150 millones dólares? Y comenzaría a subir el precio de nuevo y no tendría techo, nadie sabe. Si todos los días se van sacando U$S150 millones y los van cambiando por pesos, irán quitando pesos a la economía y como no vuelven a entrar por ningún lado, en algún momento esa demanda tiene que frenar. Esa es la estrategia de política monetaria, bandas de intervención flotantes y un estricto control de la emisión de dinero.

Predicciones para Cambiemos

El gobierno ofrece un plan muy estricto; déficit cero y emisión cero. Se trata de un plan súper conservador y extremo, de un déficit primario y aquí está lo grave, porque lo que el gobierno gastará en educación, sueldos, salud, jubilaciones, obra pública, infraestructura, va a caer pero se van a tener que pagar intereses de la deuda, que son muchos. Esto generará una intensa recesión, dado que la disminución del gasto implica  más 2% del PBI, casi equivalente a lo que deberemos pagar en intereses de deuda. Es difícil saber qué va a pasar el año que viene, además de la recesión, porque son muy nuevas las medidas. Tampoco sabemos cuánto va a costar el dólar, menos que la banda inferior no va a costar, el gobierno tiene la potestad de comprar todo lo que quiera si el dólar está menos de treinta y cuatro e inyectar pesos en la economía. Ahora, que se vaya por arriba de la banda, nadie asegura que no vaya a pasar, puede pasar. Que el precio suba o baje va a depender de las inversiones internacionales, de la venta de soja y otros productos agrícolas, y cómo reaccionen las exportaciones en general. En ese aspecto se espera un panorama alentador el año que viene de ingresos de divisas. Pero sin duda va a ser un año duro para toda la sociedad en distintas escalas, tanto para los pequeños comerciantes, como para cualquier inversor en general porque las tasas de intereses están muy altas.

Consejos para los lectores y trabajadores

Creo que las históricas crisis económicas y financieras que atravesó el país han despertado mucha astucia e inteligencia en gran parte de la clase trabajadora argentina. Somos expertos en supervivencia y adaptación. Hay pocos recursos sobre los que puedo asesorar de manera que honestamente les resulte útil. La mayoría de la gente vive el día a día y no tiene margen de ahorro ni acceso al crédito, su estrategia debe ser comprar en los comercios y locales que entendieron que es momento de achicar los márgenes y no aumentar los precios. Pero para aquellas personas que disponen de acceso al crédito, entre quienes se pueden distinguir algunos asalariados y pequeños/medianos comerciantes, les recomiendo mucho cuidado con la tarjeta de crédito que no hagan el pago mínimo. A los pequeños comerciantes les recomendaría que cuiden a sus clientes y que premien a los proveedores que no remarcan y recargan mucho los precios, desarrollar estrategias de compra, apostar en lo nacional antes que lo importado pues todo lo que esté cotizado en dólares se pondrá prohibitivo, y sobre todo contraer la menor deuda posible dadas las altas tasas de interés y el difícil panorama futuro, sobre todo aquellos que venden dentro de la economía local y no exportan.

 

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