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“¿Alguna vez te cuestionaste la naturaleza de tu realidad?”
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Westworld, una serie emitida por HBO, describe una ficción distópica en la que nada resulta imposible. Einath Apel reflexiona sobre las metáforas que resuenan dramáticamente a la realidad del mundo que habitamos.

¿Alguna vez te cuestionaste la naturaleza de tu realidad?

Imaginate lo siguiente.

Sos un robot instalado en un mundo creado para la diversión de lxs humanxs. Te instalaron idioma, un idioma, dos idiomas. Te instalaron frases hechas y un transcurrir de elementos concatenados. Pensás en algo y el siguiente pensamiento se vuelve predecible. Así al infinito.

Tu chip tiene cargadas rutinas preestablecidas de comportamientos. Te levantás, decís lo mismo, hacés lo mismo, salvo que aparezca un factor disruptivo (una persona) que haga que tu vida varíe.

Esa persona puede hacer lo que quiera con vos. Pegarte, matarte, violarte, torturarte. Vos no podés hacer nada contra ella.

¿Resuena algo en vos?

Westworld, una serie emitida por HBO, plantea una ficción distópica en la que nada resulta imposible. Un grupo de millonarios inventa un mundo lleno de mundos, con paisajes, animales, personas y plantas, en el que los seres humanos pueden hacer LO.QUE.QUIERAN. La distopía es una ficción que no es, pero puede ser real. Nada nos impide crear un mundo robótico programado para entretener. ¿O acaso no existen muestras de esto?

¿Alguna vez te cuestionaste la naturaleza de tu realidad?

Lxs que controlan el mundo robótico repiten esta pregunta al hartazgo, a todxs lxs robots en todos los controles. Para asegurarse que todo funcione bien, que nadie piense fuera del tarro.

Y vos, ¿te cuestionaste la naturaleza de tu realidad? 

Muchísima gente resuena con esta serie porque es dramáticamente metafórica del mundo que habitamos. Un mundo que nos programa y nos robotiza rutinas, esquemas de pensamiento e incluso de sentimientos, que intenta que no nos cuestionemos la naturaleza de nuestra realidad. Y que, si la cuestionamos, todo sea angustia y cuesta arriba.

No puedo dejar de pensar en los últimos días, en la angustia que siento por lo que sucede a nivel social. No puedo creer que una persona cuyo trabajo es legislar dice que no leyó una ley. Que otra persona minimice una violación. Que tanta gente se manifieste violentamente contra un derecho humano y no comprendan el eje de la cuestión: VAMOS A SEGUIR ABORTANDO. No queremos morir en el intento.

Nunca se cuestionaron la naturaleza de su realidad. Nunca hacen más que repetir discursos hechos, frases concatenadas que los poderosos pusieron en sus cabezas para hacerles creer que esa es la realidad.

¿Y nosotrxs?

Nos cuestionamos la naturaleza de nuestra realidad y nos cuesta profundizar y cambiar.

Estamos convencidxs de los derechos adquiridos y de lo necesario que es seguir avanzando en este sentido y luchando contra las instituciones que históricamente oprimieron porque les conviene.

¿Y hacia adentro?

Confundimos amor con posesión, amor con violencia. Confundimos destrato con histeriqueo, destrato con deseo. Cariño con lejanía. Confundimos sororidad con amistad y hermandad.

Creemos que ser flacxs es una cuestión de salud y no de estética impuesta por una revista de moda. Creemos que estar depiladxs es higiene y no tortura medieval aplicada al cuerpo. Creemos que necesitamos de unx otrx para ser felices. Para estar completxs. Creemos que si no deseamos ser xadres no estaremos nunca completxs. Que estamos mal.

Cuestionar la naturaleza de nuestra realidad no es fácil, es doloroso y tiene muchas capas.

Westworld es una metáfora increíble de la deconstrucción.

Y una gran lección de vida.

Hay que pegarle un tiro a lo que nos oprime.

Y crearnos un mundo nuevo.

Que sea nuestro.

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