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Música

Agarrate Catalina: la murga como bastión de libertad y esperanza

A la espera del espectáculo “Defensores de Causas Perdidas” que brindará la murga uruguaya Agarrate Catalina este martes 12 de noviembre a las 21 hs. en el Teatro Mercedes Sosa, La Nota conversó con uno de sus referentes, Yamandú Cardozo, y nos compartió una interesante mirada del carnaval uruguayo y su expansión en Latinoamérica.

En el marco de lo que está pasando en Chile, Argentina, Uruguay y países latinoamericanos, ¿qué significa “Defensores de causas perdidas”?

Nos imaginábamos un grupo de hombres y mujeres que, en un mundo cada vez más individual, deciden juntarse en contra de todos los pronósticos para dar pelea por causas que nadie defiende, pelear por la utopía.

Esta asociación delirante y un poco anacrónica nos la imaginábamos para meterle adentro de esa consigna una cantidad de temáticas atravesadas por la ironía, el humor, la caricatura y el resultado es un espectáculo que nos tiene muy contentos y muy contentas a toda la barra de la murga.

Hemos girado mucho, fue el espectáculo con el que nos presentamos en el último concurso del carnaval, y encierra, de alguna manera, una defensa de la utopía en tiempos que se han encargado de aplastarlas, sobre todo las utopías colectivas y la esperanza movilizadora de la cosa mejor repartida y hecha entre muchas personas.

De alguna manera el arte es una causa perdida, cada artista es un defensor y defensora de causas perdidas. Quien hace arte ofrece una versión de la realidad, una foto construida de manera un poco más amable que la realidad, y esa versión pierde cuando se baja el telón, cuando se cierra la última página del libro, cuando dejas de mirar el cuadro, cuando termina el último acorde de la canción, pero quizás no y ahí comienza a rodar esa esperanza que hoy decidimos seguir defendiendo, es decir, darle al mundo una versión desde la alegría, la belleza, pero a la vez combativa de la realidad.

El arte, el arte popular en este caso, la música, la canción, la poesía, el teatro, la danza, en un contexto latinoamericano de la cosa muy jodida, de la represión de hermanos contra hermanos, es un piolín muy interesante desde donde agarrarse.

Nos pasa en diferentes escalas, no es un momento bueno económico de cada país y sabemos que gastarse unos pesos, que no son pocos, en una entrada en un momento donde esos números te desbalancea un presupuesto familiar, es un acto de amor al arte, te dan ganas de abrazar esa esperanza y mirarse en ese espejo que el arte y el humor ofrecen, valoramos eso muchísimo, no hay más agujeros que hacerle al cinturón y sin embargo la gente va y compra una entrada y toma una postura frente a la vida con eso, entonces sí claro que importa y que pesa la defensa de los pleitos aparentemente perdidos y la defensa de ciertas utopías en estos momentos.

Luego de 7 años volvieron a participar del concurso en el 2019, y si bien no fue una inactividad, ¿qué significó esa vuelta al concurso, qué pasó en esos 7 años?

Un reencuentro esperado súper ansiado y planificado durante casi esos 7 años, así fue. No estar en el concurso no significó inactividad sino todo lo contrario, cada año que no participamos del concurso no tuvo que ver con el desamor sino más bien todo lo contrario.

Hay una particularidad que estaría bueno entender de nuestro carnaval. Montevideo es una ciudad de un millón y poquito de personas, es una ciudad chica, a nivel geográfico se llega en minutos de un barrio a otro y durante un mes y medio todas las noches, desde los últimos días de enero hasta los primeros días de marzo, hay lo que llamamos tablados, que son escenarios populares como teatros barriales organizados por comisiones, privados, organizaciones sociales, son 20 aproximadamente en toda la ciudad y durante esas 45 noches los diferentes conjuntos (50 compañías artísticas) que presentan espectáculos nuevos cada año se mueven por los barrios haciendo una verdadera fiesta y armando realmente casi un festival de teatro popular a cielo abierto, muy accesible, muy inclusivo, muy democrático y horizontal. Quienes conforman esos elencos son personas que no se dedican profesionalmente a estas cuestiones, son empleados y empleadas, laburantes, entones es realmente fuerte lo que pasa.

Dentro de ese carnaval hay un concurso y hoy por hoy por como está planteada la legislatura del carnaval, si vos no participas del concurso quedas completamente relegado de la posibilidad de estar en esa fiesta, muchas veces extrañamos muchísimo la fiesta, para que se den una idea nosotros y nosotras en la catalina este año en esas 45 noches hicimos 120 funciones, haciendo hasta 6-7 por día, yendo de un barrio a otro en la misma noche en una cosa que es más un deporte que una cuestión artística. De esas 120 funciones aproximadamente, solo 3 fueron en el marco del concurso en el teatro de verano, entonces, el concurso no es solamente el carnaval, lo incluye y lo necesita desde le punto de vista legal, por eso muchas veces nosotros decidimos estar por fuera del concurso y salir a mover espectáculos por el interior de Uruguay y girarlo por el mundo.

Muchas veces el carnaval decidió por nosotros y por nosotras, pero en esos 7 años ninguno de esos días, desde la murga, estuvimos alejados conceptualmente del carnaval y ninguno de esos días dejamos de extrañar ese contacto directo con los barrios, esa vuelta 7 años más viejos y más viejas, con más cansancio arriba, con más peso y menos pelo, hizo que tuviéramos que ver si ese vínculo seguía vivo.

Ha sido muy fuerte lo que se generó desde la gente para con la Catalina. Estuvo increíble, fue súper fuerte lo que pasó con la gente, con el espectáculo, cuánta gente lo vio, cuánta gente lo eligió, cuánta gente lo abrazó y se lo quedó y lo sigue viendo y disfrutando hasta ahora.

¿Cómo fue el proceso creativo que se dio en la cooperativa?

Fue como una vuelta a casa con más cicatrices y con otras cosas en la mochila, pero con la misma organicidad y naturalidad de siempre, estábamos en casa y de verdad.

En base a eso, el proceso creativo lo hicimos con la misma modalidad de siempre, escribiendo primero y teniendo bien en cuenta la realidad del carnaval. Un espectáculo tiene que ser armado en capas y tiene que tener sustancia y consistencia cada parte. Como decía mi abuela, mucho de la vitamina y los nutrientes están en la cascara, entonces a veces lo importante también está en la cascara. Partiendo desde esta dudosa analogía, intentamos que nuestros espectáculos estén hechos en capas así quienes quieran y puedan o logren escarvar hasta lo más profundo encuentren y tengan cosas entretenidas para buscar, para leer entre líneas o interpretar, pero quienes no puedan o no sepan o no quieran también lo disfruten.

El carnaval es un escenario donde te subís y te ven todo tipo de personas, se entrecruzan las líneas permanentemente de los géneros, de la situación socio económica, cultural y hasta etaria, te ven niños y niñas de 3 o 4 años que entienden lo que puede entender una niña o un niño, entonces en el fondo lo importante es que en la capa más epidérmica esté la sustancia también.

Somos un elenco cooperativa y hay gente que se encarga de distintas tareas, económica, organizativa, puesta en escena, vestuario, maquillaje, los letristas, siempre con el colectivo presente y con aporte de una cantidad de personas que están en la vuelta relojeando y sobrevolando nuestro laburo como colectivo, así laburamos probando de todo intentando que las fronteras estipuladas del género sean lo más laxas posibles, haciendo la murga que queremos ver y que quisiéramos ver, no nos casamos con purismos, nos guste la murga que nos guste y necesitamos hacer exactamente lo que tenemos ganas de hacer, sin que nadie nos dicte un punto o una coma.

No hay nada de lo que la Catalina cante que no esté aprobado implícita y explícitamente por los compañeros y compañeras, si hay alguien que no se siente cómodo o cómoda a la hora de cantar algo se plantea, se revisa, se hace, se rompe, se tira, y se rearma. Siempre partimos desde la idea de que donde se tiene que entender si o si es en el barrio, después al mundo vemos como lo traducimos.

Murga y dictadura

En un momento particular de la historia, sobre todo el momento del horror de la dictadura cívico militar en nuestro país, el carnaval es tan fuerte para los uruguayos y uruguayas que no se pudo prohibir, ni en dictadura fue interrumpido el carnaval.

Hubo una cantidad de artistas en el exilio y cantidad de cosas prohibidas, sí sucedía en el concurso que obviamente no ganaban las murgas que tenían su posición crítica y eran perseguidos, una gran cantidad de murguistas apresados, torturados y exiliados que se jugaban la vida de verdad en el canto.

Las murgas ideológicas de los 60´ 70´ 80´ se les llamó “Las murgas de La Teja”, de alguna manera se las agrupó, no necesariamente eran todas de ese barrio, pero se las agrupó bajo ese nombre. Son esas murgas las que nos hacen a nosotros y nosotras ser murguistas, la Catalina viene de familias tradicionalmente murgueras. En nuestro caso con Tabaré nuestros viejos son más consumidores de murgas desde el lado ideológico, la murga fue como un bastión de libertad y esperanza, hablando de los contextos en medio del peor caos que puede ser la tortura, la desaparición, la prisión y los peores espantos del terrorismo de Estado. En este caso el arte sirvió como trinchera en Uruguay y todo lo que estaba prohibido, el teatro, el rock, encontraba en la murga y en el carnaval una veta para entremezclarse y para contar desde ahí entre líneas.

A esas murgas, a esos murguistas con la Catalina le dedicamos nuestra retirada, diríamos una de las partes más importantes a nivel conceptual de nuestro espectáculo, por haber sido defensores de causas perdidas, y haber salido a pelear con canciones contra los fusiles y las botas.

El carnaval uruguayo sin duda es singular y el amor del pueblo uruguayo al carnaval quizás sea único en el mundo ¿Cómo ves esa réplica, esos ecos que se están dando en los países vecinos con la aparición de cada vez más murgas estilo uruguayo?

Lo veo con mucha alegría, más allá de los orgullos petisos de sentir “qué bueno esa gente replica algo uruguayo” algo más chauvinista a lo que no me afilio, sí al orgullo de ser parte de la historia de un género que a mí me cambió la vida, tampoco me afilio a los purismos y estoy muy de acuerdo que la música es de todos y de todas, es muy raro y sería muy contradictorio pedirle pureza a un género cuya riqueza es justamente el mestizaje y la mescolanza.

Nosotros en la Catalina hacemos murga porque hay murgas que a su vez existieron antes, llegaron de Cádiz filtrado por lo que pasaba en los carnavales de Canarias al otro lado del mundo, llegó aquí a mezclarse con la mirada tanguera e irónica de la caricatura y la protesta, sumando una pata fundamental que es la rítmica “el candombe”, este a su vez es hijo de la esclavitud que vino presa en la panza de los barcos, entonces somos mestizaje puramente.

Es cierto que esa semilla mixturada y mezclada creció hasta llegar a ser un Frankenstein que hace más de 100 años anda y canta en Uruguay. Es parte de los misterios del arte que el rincón de tierra ideal para que esa planta crezca y florezca haya sido Montevideo particularmente, pero no hace que esa voz te pertenezca para siempre y tengas que tener un documento de identidad uruguayo para hacer murga.

Veo en las murgas que hay en Chile, Argentina, Colombia, gente que viene del palo de la música que enriquece este género que empezó y sigue siendo muy amateur en su corazón, con rigor profesional quizás. Está buenísimo que otra gente con otras riquezas, con otros acentos y con otros saberes musicales le sume a la murga. Me parece fascinante y es una preciosa manera de encuentro, con el cinismo que abunda que en este momento un grupo de personas que se junten 15, 20, 30 a cantar por cantar y por decir cosas dentro del canto es revolución en sí mismo.

En Uruguay hay un enorme porcentaje de gente que vive y trabaja puntualmente en el carnaval y somos pocos, muy pocos, los elencos que pueden sostener eso como trabajo, imaginate en Argentina o Chile, es claro que la gente no gana guita con eso, no es una gran receta para hacerse millonario y menos en lugares donde la Murga es menos que un gueto cultural, un micro mundo, entonces ahí hay amor por este género, hay ganas, respeto y cariño por este género, y a mí me parece precioso.

Hay muchas murgas que cantan a su manera, le metieron cueca y le metieron sus cosas, hay una mescolanza muy linda y muy rica para la escena cultural, popular y musical latinoamericana, entonces la mezcla va y viene, y el agua va hacia los dos lugares, ese puente funciona y a mí me parece que está fabuloso.

La AC, vos, tu hermano, son una referencia importante para muchxs artistas en Argentina, ¿qué consejo podrías dejarles a lxs músicxs, artistas y a las murgas que proliferan desde Uruguay hacia toda América Latina?

Me emociona mucho esta realidad y sobre todo las cosas que yo puedo compartir siempre son desde la horizontalidad, desde la experiencia de tener la cabeza llena de chichones de habernos dado contra todos muros posibles. Una de las cosas más interesantes y salvadoras que yo he encontrado en esta expresión artística es la libertad, de hacer uso de nuestra libertad, de la honestidad artística, de decir lo que queremos decir en el momento que queremos decirlo, aunque no se corresponda con las agendas de no importa quién. Eso es una de las cosas más maravillosas.

La otra es que está buenísimo que puedan hacer murga desde su lugar desde su identidad y que puedan vincular sus sellos identitarios, sus problemáticas, que puedan transformar con su propio barro sus espectáculos, lejos de la tiranía de un concurso y la omnipresencia de la competencia, eso me parece fascinante.

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