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A las Infancias Libres, Feliz Día!
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La medicina, la psicología, los medios de comunicación y el mercado de las infancias nos ofrecen todas las herramientas para que las pautas de cuidado de niños y niñas afiancen los ideales rígidos del género. Así, las infancias de miles de travestis, mujeres y varones trans fueron robadas. El derecho humano a la educación fue dejado de lado ante la expresión de genero no acorde a lo que marca la costumbre, esas costumbres tan instaladas que se defienden como significado de lo natural y lo moral. Bruno Bazán se pregunta “¿podremos inventar otras palabras y otras prácticas para realmente celebrar los derechos de niños, niñas y adolescentes?”.


En 1954, la Asamblea General de Naciones Unidas (Resolución 836 IX) recomendó a todos los países instituir el Día Universal del Niño. El objetivo de este día tenía que ver con consagrar la fraternidad y la comprensión de los niños del mundo entero y con promover actividades para el bienestar de los niños del mundo.

Años después Naciones Unidas elige el 20 de noviembre para celebrar este día en conmemoración de la aprobación de los Derechos del Niño de 1959 y la Convención sobre los Derechos del Niño en 1989.

Claramente, como señala Sandra Carli[1], la invención de la infancia durante la época moderna respondió siempre a discursos y estrategias profundamente políticas. Un modo particular de entender al Estado y la Sociedad generó las bases para hacer de  las infancias un espacio de producción de hombres y  mujeres con particulares características, aquellas necesarias para el Estado. Si, como lo expusieron claramente los estudios de género, el Estado es patriarcal, el entramado de instituciones y redes que velan por las infancias, también lo son.  En este sentido, no solo es patriarcal por marcar y mantener la desigualdad entre hombres y mujeres, sino también es profundamente binario por la necesidad de que solo existan hombres y mujeres, que estos sean cis[2] y heterosexuales.

En nuestro país, el día del niño forma parte las fechas tradicionales, esas que irrumpen en todas las casas y generan un tema de conversación en la mesa familiar. Lejos de ser un día de celebración de derechos, consiste mayoritariamente en regalarles juguetes a niños y niñas. De hecho, si bien durante mucho tiempo fue celebrado el primer domingo de Agosto, en el 2003 por pedido de la Cámara del Juguete, se traslada al segundo domingo de agosto, y finalmente por cuestiones de agenda política se celebra el 3er domingo de agosto. Entre los objetivos de Naciones Unidas y los de la Cámara del Juguete de Argentina existen algunas distancias, pero en ambos subyace ese interés político y cultural de generar determinados tipos de infancias, determinados tipos de hombres y de mujeres.

Los mandatos de esta cultura  convirtieron a  adultos/as en furiosos policías del género, y nos encomendaron reforzar los estereotipos binarios mediante todas las formas posibles. Los discursos del Estado Moderno sobre las infancias se ponen en juego cada vez que un adulto tiene a cargo a un niño o a una niña.

MERLE LUCÍA – Merlo, Pcia. Buenos Aires – 17 de Febrero 2017- Luana en su casa, junto a su mamá Gabriela y su hermano. Es la primera niña transgénero reconocida por el Estado Argentino y a nivel mundial. A los dos años definió su identidad sexual, con un balbuceo dijo “Yo nena, yo princesa”.

La medicina, la psicología, los medios de comunicación y el mercado de las infancias  nos ofrecen todas las herramientas para que las pautas de cuidado de niños y niñas  afiancen los ideales rígidos  del género. Los colores rosa y celeste inundan los juguetes y las tiendas de ropa. Desde las vendedoras de locales infantiles hasta nuestro entorno familiar, todos estamos dispuestos a dar nuestro concejo cada vez que vemos a un niño salir de la norma del género y empezar jugar con una cocinita o con muñecas. Todos tenemos algo que decir si vemos que una niña está vestida con ropa que el mercado y cultura dicen que es “de varón”. Nos preocupa y perturba la falta de una separación clara y distinta entre niños y niñas.  Ponemos aros a las niñas recién nacidas para marcar una femineidad que no se nota durante los primeros meses en ningún ser humano. Necesitamos que no confundan a nuestra niña con un niño, porque la exigencia de la sociedad es siempre mantener las cosas claras, criar niños y niñas bien separados, para que en un futuro sean complementarios. Porque también nos dijeron  que todas las personas son heterosexuales.

Que la mayoría de los juguetes para niñas estén vinculados con tareas de cuidado, limpieza y estética no puede ser casualidad. Y que la mayoría de juguetes para niños se traten de emulación de guerra, violencia, competencia  y demostración de fuerza tampoco puede ser casualidad.  Este énfasis desmedido por reproducir los géneros de modo binario trae consigo mucho sufrimiento innecesario. Muchos adultos no recordamos nuestra propia infancia, ni  cómo transitamos ese cuidado policiaco sobre nuestras vidas en sus primeros años.

Si hacemos un ejercicio de  memoria, quizás  podríamos recordar por lo menos una escena en la cual no nos dejaron jugar con ciertos juguetes, o usar cierta ropa, o mirar ciertos dibujos en la TV, o trepar un árbol, o hacer un movimiento incorrecto con nuestro cuerpo. Incluso la justificación de estas prohibiciones podían ser explicitas: “este juguete es para nenas”, “este juegue es para nene”, “esto no es para vos”.

El ejercicio de performar el género masculino y femenino lleva siglos, y si como adultos somos tan buenos policías del género es precisamente porque fuimos niños/as, porque nos marcaron el límite de nuestras posibilidad desde antes de aprender a hablar, y porque muchas veces es más fácil reproducir ese camino binario y afirmar que estamos del lado correcto, que dejar hacer y jugar a nuestros niños y niñas, y reconocer que lo que hicieron con nosotros fue violento.

La historia de nuestros juegos de infancia está plagada de buenos recuerdos. Y el trasfondo de esas historias en muchos casos está plagado de violencia. Algunas infancias desafiaron ese orden y terminaron siendo golpeadas y excluidas de lo social.

Las infancias de miles de travestis, mujeres,  y varones trans fueron robadas. El derecho humano a la educación fue dejado de lado ante la expresión de genero no acorde a lo que marca la costumbre, esas costumbres tan instaladas que se defienden como  significado de lo natural y lo moral. En nuestra sociedad contemporánea decimos que amamos a los niños y niñas, pero si son trans, miramos para otro lado y las dejamos a la intemperie.  Amamos a las infancias, pero durante décadas permitimos que la noche y la prostitución crie a las niñas y adolescentes travestis. Porque antes que velar por los derechos del niño, velamos por el orden binario del género.

El pecado de las infancias trans fue desafiar al extremo estas rígidas normas del género. Son ellas las que nos muestran con mayor claridad que vivimos obsesionados con unas pautas de género  que en mayor o menor medida, nos dañan a todos.

¿Qué vamos a reglar a nuestras infancias este día del niño? ¿De qué colores serán esos regalos? ¿Podremos festejar el día de las Infancias libres o el día del niñe? ¿Podremos inventar otras palabras y otras prácticas para realmente celebrar los derechos de niños, niñas y adolescentes?

En el 2016, Marlene Wayar, referente e histórica luchadora travesti, en su participación en la Campaña Infancias Trans Sin Violencia Ni Discriminación, en razón de marcar la fuerza del binario y buscando un universo posible mejor,  invita a todas las personas a un futuro trans: “de lo que estamos hablando es de que no importa tu sexo, no importa tu género, tu identidad de género, tu expresión de género, tus elecciones sexuales, tu sexualiad, tus prácticas sexuales, ni tu objeto de deseo sexual, te estamos invitando a que seas trans. Las travestis te invitamos a que seas trans, a que salgas de ese hombre y de esa mujer que no solo se opaca a sí mismo o a sí misma, sino que opaca al resto.”

Un futuro trans, o con el nombre que sea, quizás  las etiquetas podrán quedar atrás cuando desde niños y niñas nos eduquen a pensar nuestro género como posibilidades de expresión y no como mandatos. Quizás en algunas décadas o contenidos seamos mirados como “esa época de la historia en la que la humanidad estuvo obsesionada con el género y sus etiquetas”.

Estas palabras podrían ser quizá regalo para las que fuimos,  y para  aquellas que no pudimos ser. El deseo de un futuro mejor, un futuro de juegos libres. A las infancias libres, Feliz Día!

 


[1] Niñez, Pedadogia y Politica. Transformaciones de los discursos acerca de la infancia en la historia de la educación argentina entre 1880 y 1995. Buenos Aires, 2005.

[2]Cis-genero:es un término que se utiliza para describir a personas cuya identidad de género y género asignado al nacer son concordantes, y que cuyo comportamiento también es concordante con el que socialmente se asigna a dicho género.  Se usa como distinción en el par conceptual cis/trans.

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